De algo sirven los conceptos
obvios
No dejo de fascinarme por lo más común.
Es increíble. Detenerse a ver lo que ocurre a nuestro alrededor es el ejercicio
que más hacemos en nuestra vida, solo que esta tan internalizado que a veces
perdemos la oportunidad de apreciarlo. Somos seres diseñados para filtrar información,
y para interpretarla. Somos incomparablemente mejores que cualquier maquina
aun no inventada, y tenemos una capacidad de adaptación de la que nos sorprenderíamos
si nos diéramos la oportunidad. Podemos percibir los cambios más tenues en lo demás,
aun así no lo recibamos de forma consciente. Y si logramos percibirlos, tenemos todas
las posibilidades de acción a nuestro alcance, y solo la decisión que hacemos en el momento puede producir el cambio.
Alejándome un poco de los pensamientos antropocentristas y acercandome un poco más a la vida cotidiana, solo quería comentar como es que a veces, las cosas más importantes deben dejarse de lado por razones que tienen la caracteristica de que no pueden ser nombradas. Como a veces hablar de
temas que más cruzan la importancia de la vida de cada uno se vuelve lo más dificultoso
de todo, y por eso se deja de lado. Como el temor al rechazo o al fracaso se
convierte en fuente de inacción, en fuente de conservadurismo. Como la
habituación nos regala la tranquilidad y nos quita la sorpresa. Como nos
acostumbramos al estrés por el temor a pensar que no se avanza de otra forma.
Como nuestros ideales del éxito nos influencian mucho más de lo que pensamos. Y
mas allá del listado que pueda armar de razones innombradas de nuestras acciones, me importa recalcar cómo hacemos estas cosas sabiéndolo, siendo conscientes de que lo hacemos.
Es verdad que uno nunca deja de
aprender. Nada nos está dado completo. Pero más allá de eso, siempre somos
capaces de decidir. Si podemos decidir, es porque sabemos, percibimos cosas de
lo que nos está ocurriendo. Puede que saber (refiriéndonos a conocimiento “objetivo”,
“factual” = "información") no sepamos todo, pero si percibimos la totalidad de estímulos
sensoriales y lo que eso nos provoca, tanto a nivel emocional como racional.
Entonces, en cierta forma, sabemos las cosas. Sabemos que eso que vamos a comer
nos va a hacer mal. Sabemos que esa amistad es un esfuerzo que deberíamos dejar
de hacer. Sabemos que deberíamos ir a dormir más temprano y que deberíamos alejarnos
del exceso tecnológico. Todo lo sabemos, sea por experiencia propia, por la de
terceros o por nuestra educación. Aun así, por muchas razones, decidimos actuar igual, no cambiar nuestras actitudes. Y yo quiero recalcar dos de las razones por las que decidimos actuar
igual, que son hermosas en su contradictoriedad y en su relación:
- Porque estamos acostumbrados
- Porque esperamos/tememos que el resultado sea diferente
Vuelvo a repetir, estas son solo
dos razones. Pueden haber cientos, miles más. Pero estas dos son cómicas si las
relacionamos. La costumbre es una gran modeladora de actitudes. Ya nos
conocemos, hemos comido cientos de veces ese chocolate, hemos tomado miles de
veces esos mates. Sabemos lo que hacemos. Pero la vida, esa máquina
impredecible, también nos comentó que hay que dejarle lugar a lo imprevisto. Y
a veces confiamos en eso. Digamos, no solo nos dejamos llevar por lo que siempre
hacemos; además de eso, esperamos que lo que siempre hacemos nos traiga un
resultado diferente. Lógica, ¿dónde? Por supuesto, estas son cosas que me
fascinan y que son increíblemente comunes. Repito y acepto que hay otras
razones por las que solemos tener conductas típicas, por supuesto (por
mencionar algunas: no le damos importancia, no tenemos fuerza para hacer otra
cosa, no sabemos hacer otra cosa), pero en el momento en que estas dos son las
que encabezan la lista de responsabilidad por nuestras actitudes, me regocijo
en su contradictoriedad, y comprendo una parte de la esencia humana. Y al ver
esta contradicción de forma tan evidente, de forma tan común y notarla en
muchas más situaciones de las que me creo capaz de enumerar, me maravillo. Tan
solo eso. Como, al final, algo tan conocido por la lógica como el principio de
no contradicción de Aristóteles no se aplica, por lo menos a simple vista, en
los humanos.