Es tan fácil
dejarse llevar por los demás.
Es tan fácil
dejarse seducir por la vida.
Es tan fácil
quedarse sentado.
Es tan fácil
vivir en lo mental.
Es tan fácil
quedarse rezagado.
Es tan fácil
bajar la mirada.
Es tan fácil
quedarse esperando que algo ocurra.
Es tan fácil
caer en el pensamiento de que “alguien lo va a hacer por mi”
Es tan fácil
ver la vida desde lo ajeno, desde lo que no nos pasa a nosotros.
Es tan fácil
no ocuparse de las cosas.
Es tan fácil
dejar pasar algunas oportunidades.
Es tan fácil
perder por cansansio.
Es tan fácil
posponer algunas actividades.
Es tan fácil
dormir un poco mas.
Es tan fácil
decir lo que los otros quieren escuchar antes de lo que queremos decir.
Es tan fácil
dormir en el recuerdo.
Es tan fácil
esperar a que los demás organicen.
Es tan fácil
hacer de cuenta como que nada pasó.
Es tan fácil
ser condescendiente.
Es tan fácil
entretenerse.
Es tan fácil
dejarse llevar.
Es tan fácil
caer en la costumbre.
Es tan fácil
no cambiar nada por pensar que es lo normal.
Es tan fácil
tener prejuicios.
Es tan fácil
quedarse quieto.
Es tan fácil
decir que no a los desafíos de la vida.
Es tan fácil
guardarse las cosas.
Es tan fácil
simular, no decir la verdad, reir para no llorar, no perdonar por cuestiones de
orgullo, no aceptar que las cosas cambian, no tomar partido, dejar de
sacrificarse, esperar a que otro tire la primera piedra, esperar a que otro te
explique antes de querer entenderlo por uno mismo.
Difícil es
saber que hacer.
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