Las cosas cambian porque nuestra mente no comparte lo que la realidad nos muestra
Antes solía creer que la
comunicación era todo, y que esto daba oportunidades ilimitadas para la expresión.
Toda acción, toda palabra, toda acción no hecha, toda palabra no dicha, tenían
algún significado, por lo que cualquier cosa podía ser enunciada. Antes poseía
ese ideal de la comunicación, la cual iba a mejorar al mundo y era la salvación
en cierto sentido, ya que iba a lograr desentramar todos los malentendidos, exponer
todas las intenciones, trazar todas las historias, avanzar en el conocimiento
de lo que quisiéramos, conocer la verdad, perseguir los ideales. En lo único en
que fallé fue en considerar el componente humano de la misma, y con ello el
ideal se derrumbó.
Hay un concepto interesante que
se puede aplicar en como vemos las cosas: el de disponibilidad. Las cosas pueden encontrarse disponibles o no.
Si lo están, pueden ser usadas, consultadas, tomadas, bebidas, etc., o
cualquier uso que se le quiera dar. Si no lo están, suele ser porque entra en
conflicto con algo esa acción (tiene que ser usada después, por ejemplo), o
porque no se encuentra en ese momento, o miles de razones más. Pero lo
importante es que el estado de las cosas es uno o el otro. Se encuentra
disponible o no, no hay tercera opción. Como con todo, es más fácil aplicar el
concepto en cosas antes que trasladarlos a lo humano, aunque se sigan las
mismas reglas. En términos básicos, el otro puede estar disponible para lo que
uno quiere o no. Puede que nuestro amigo pueda ir con nosotros de viaje o no.
Puede que alguien esté disponible a guardar una confidencia o no. Miles de
situaciones más se pueden mencionar, pero solo alcanzan dos opciones, sí o no.
¿Qué hace que precisemos algún tipo de
disponibilidad? La necesidad. Simple y claro como eso. Necesitamos algo, lo
buscamos. Si se encuentra disponible, hacemos lo que estemos dispuestos a hacer
para conseguirlo. Si no lo está, continuamos con la necesidad. ¿Y cómo damos
cuenta de esa necesidad? Comunicando. Queriendo trazar un grafismo, podríamos
representarlo como Necesidad – (implica) Comunicación – Disponibilidad. La
necesidad produce la comunicación (que también es una necesidad) y llega al
objeto, que demuestra o no su disponibilidad, devolviendo una respuesta. Así,
visto tan simple, está simplificado y deshumanizado, pero sirve para comprender
las bases de ciertas conductas.
Ahora, el problema ocurre cuando
la respuesta del objeto o sujeto puede ser interpretada de varias formas. Como
había dicho, algo se encuentra disponible o no, por eso, si precisamos de
alguien y esa persona no da una respuesta clara en la que existe una
discordancia (te dicen algo pero hacen otra cosa), se produce un conflicto. La llamada
disonancia cognitiva (cuando lo que uno percibe de la realidad no es lo que uno
conoce de la misma) no es aceptada por el hombre. Si uno sabe que un amigo
siempre esta alegre, y uno lo percibe triste, no coordinan las imágenes en la
mente y en la realidad, por lo que podemos cambiar lo que pensamos (lo vimos
triste por algo que le paso, pero es algo momentáneo) o lo que percibimos (no está
realmente triste, esta simulando). Ahora, simplificando, si precisamos algo, y
sabemos que alguien nos lo puede dar (porque nos prometió su disponibilidad,
nos permitió confiar en esa persona) pero en la práctica, en la realidad, no lo
hace, se produce esa disonancia. Me dice esto, hace aquello. Y esto produce un
conflicto en la persona, y por ende en la relación. Es entendible que esto
ocurra. Cientos de veces decimos, prometemos cosas que al final no podemos
cumplir. Ahora, uno pensaría que es de mínimo respeto para la otra persona por
lo menos comunicar esto. Decir que no podemos ir a una juntada, o que
necesitamos un tiempo sin el otro; lo que sea. Bueno, aquí es donde se producen
muchas faltas de comunicación en mi opinión. La falta de sinceridad en estos
temas causa daño. Son cosas que son inevitables, porque a veces uno, siendo el
sujeto del que precisan disponibilidad, no tiene interés en decir que no. Pero debería
hacerse. Es un mínimo respeto por el otro, para no causarle disonancias.
Estas fallas son las que me hacen
bajar del pedestal el ideal de la comunicación, porque son muy comunes. Son totalmente
comprensibles y humanas. Hacer lo que presento para resolver el problema sería
una solución, y permitiría hasta una sociedad más honesta y unida. Solo que hay
que tener en cuenta que no es así, y que pasa muy comúnmente que la gente dice
algo y hace otra cosa. Sin esto, no existiría la hipocresía, enemigo público número
uno de muchísimas personas (pero una de las cosas más interiorizadas en el
comportamiento de las personas).
Es algo tan común que nos
espanta, pero no podemos dejar de hacerlo