sábado, 29 de marzo de 2014

Veo señales confusas en todos lados

Las cosas cambian porque nuestra mente no comparte lo que la realidad nos muestra

Antes solía creer que la comunicación era todo, y que esto daba oportunidades ilimitadas para la expresión. Toda acción, toda palabra, toda acción no hecha, toda palabra no dicha, tenían algún significado, por lo que cualquier cosa podía ser enunciada. Antes poseía ese ideal de la comunicación, la cual iba a mejorar al mundo y era la salvación en cierto sentido, ya que iba a lograr desentramar todos los malentendidos, exponer todas las intenciones, trazar todas las historias, avanzar en el conocimiento de lo que quisiéramos, conocer la verdad, perseguir los ideales. En lo único en que fallé fue en considerar el componente humano de la misma, y con ello el ideal se derrumbó.
Hay un concepto interesante que se puede aplicar en como vemos las cosas: el de disponibilidad.  Las cosas pueden encontrarse disponibles o no. Si lo están, pueden ser usadas, consultadas, tomadas, bebidas, etc., o cualquier uso que se le quiera dar. Si no lo están, suele ser porque entra en conflicto con algo esa acción (tiene que ser usada después, por ejemplo), o porque no se encuentra en ese momento, o miles de razones más. Pero lo importante es que el estado de las cosas es uno o el otro. Se encuentra disponible o no, no hay tercera opción. Como con todo, es más fácil aplicar el concepto en cosas antes que trasladarlos a lo humano, aunque se sigan las mismas reglas. En términos básicos, el otro puede estar disponible para lo que uno quiere o no. Puede que nuestro amigo pueda ir con nosotros de viaje o no. Puede que alguien esté disponible a guardar una confidencia o no. Miles de situaciones más se pueden mencionar, pero solo alcanzan dos opciones, sí o no.
¿Qué hace que precisemos algún tipo de disponibilidad? La necesidad. Simple y claro como eso. Necesitamos algo, lo buscamos. Si se encuentra disponible, hacemos lo que estemos dispuestos a hacer para conseguirlo. Si no lo está, continuamos con la necesidad. ¿Y cómo damos cuenta de esa necesidad? Comunicando. Queriendo trazar un grafismo, podríamos representarlo como Necesidad – (implica) Comunicación – Disponibilidad. La necesidad produce la comunicación (que también es una necesidad) y llega al objeto, que demuestra o no su disponibilidad, devolviendo una respuesta. Así, visto tan simple, está simplificado y deshumanizado, pero sirve para comprender las bases de ciertas conductas.
Ahora, el problema ocurre cuando la respuesta del objeto o sujeto puede ser interpretada de varias formas. Como había dicho, algo se encuentra disponible o no, por eso, si precisamos de alguien y esa persona no da una respuesta clara en la que existe una discordancia (te dicen algo pero hacen otra cosa), se produce un conflicto. La llamada disonancia cognitiva (cuando lo que uno percibe de la realidad no es lo que uno conoce de la misma) no es aceptada por el hombre. Si uno sabe que un amigo siempre esta alegre, y uno lo percibe triste, no coordinan las imágenes en la mente y en la realidad, por lo que podemos cambiar lo que pensamos (lo vimos triste por algo que le paso, pero es algo momentáneo) o lo que percibimos (no está realmente triste, esta simulando). Ahora, simplificando, si precisamos algo, y sabemos que alguien nos lo puede dar (porque nos prometió su disponibilidad, nos permitió confiar en esa persona) pero en la práctica, en la realidad, no lo hace, se produce esa disonancia. Me dice esto, hace aquello. Y esto produce un conflicto en la persona, y por ende en la relación. Es entendible que esto ocurra. Cientos de veces decimos, prometemos cosas que al final no podemos cumplir. Ahora, uno pensaría que es de mínimo respeto para la otra persona por lo menos comunicar esto. Decir que no podemos ir a una juntada, o que necesitamos un tiempo sin el otro; lo que sea. Bueno, aquí es donde se producen muchas faltas de comunicación en mi opinión. La falta de sinceridad en estos temas causa daño. Son cosas que son inevitables, porque a veces uno, siendo el sujeto del que precisan disponibilidad, no tiene interés en decir que no. Pero debería hacerse. Es un mínimo respeto por el otro, para no causarle disonancias.
Estas fallas son las que me hacen bajar del pedestal el ideal de la comunicación, porque son muy comunes. Son totalmente comprensibles y humanas. Hacer lo que presento para resolver el problema sería una solución, y permitiría hasta una sociedad más honesta y unida. Solo que hay que tener en cuenta que no es así, y que pasa muy comúnmente que la gente dice algo y hace otra cosa. Sin esto, no existiría la hipocresía, enemigo público número uno de muchísimas personas (pero una de las cosas más interiorizadas en el comportamiento de las personas).

Es algo tan común que nos espanta, pero no podemos dejar de hacerlo

miércoles, 12 de marzo de 2014

Me pongo a reír con alguien que acabo de conocer

Conectarse con las personas
Los seres humanos somos en principio seres sociales. Somos hechos por el contacto humano, crecemos con el contacto de nuestra madre, nos criamos en una sociedad de la cual empezamos a contactar con la familia en principio, luego con los vecinos, la escuela, la facultad/trabajo, y así siempre hasta que nos llega el momento de dejar de percibir. Durante toda nuestra vida, los encuentros con cualquier persona son permanentes, casuales y necesarios.
Como ya mencione en otro de mis posts, los diferentes contactos definen las relaciones entre las personas. Cada encuentro es diferente porque los humanos somos seres de personalidad permanentemente variable, con algunos grandes rasgos que se mantienen en general. Si no estuviéramos en una sociedad (si no fuéramos humanos), hasta no tendríamos que aprender a comportarnos, y seriamos simplemente animales que siguen sus instintos más básicos, haciendo de los encuentros aun mas variables. De todas formas, tenemos comportamientos que reiteramos más que otros, haciéndonos de una base estable que define nuestras formas de accionar en general, y hasta nos define a nosotros mismos. Esto hace que algunos de los contactos que tenemos entre nosotros tengan elementos en común, pero no sean iguales, y de allí poder definir las relaciones.
Tener un contacto con alguien es tan simple como comunicarse con él otro. Ahora, conectarse con alguien más posee algunos aspectos clave. Precisa interés de los integrantes del contacto, capacidad de estar presentes en el mismo (no solo físicamente, si no mentalmente), y compartir algo con el otro, lo que sea. Conectarse precisa un nivel de madurez mental que no tenemos al nacer, y lo vamos consiguiendo al ser capaz de definirse uno mismo. Es difícil conectarse con alguien que muestra una careta o que vive con una personalidad “armada”, hay que ahondar mucho para lograrlo, y no siempre se puede. Las personas con la que es más fácil conectarse (según mi criterio) son las que mayor espíritu libre poseen. Los que siguen sus ideales, los que se disponen a ser conocidos, los que no tienen miedo de quien son, los que son capaces de vivir el momento, son los que pueden realizar las mejores conexiones. Un desafío es llegar a lograrlo, y posee las vivencias más reales que uno se puede dar a sí mismo.
Conectarse con el otro no depende de la relación que se tiene con esa persona. Creo que son numerosos los casos de personas que son amigas hace mucho tiempo y no logran conectarse a un nivel muy profundo, o de personas que se conocen en un día y realizan una conexión increíble. Esto me parece increíblemente curioso. Rompe con toda estructura y creencia infantil. Conectarse con el otro nos enseña justo la esencia humana, en sí contradictoria, de que uno no puede relacionarse de forma sincera con el otro sin antes definirse a uno mismo como un ser único y solo. Al final, resulta que esa amistad perfecta o esa media naranja no existen, porque no se pueden definir las relaciones empezando por lo que el otro va a hacer con uno. Nada de necesitar alguien que sea complemento, o que venga al rescate. Al final, la forma más real de relacionarse viene de la mano de separarse del otro, de aquel ser ideal que nos vaya a hacer perfectos, que está a la vuelta de la esquina esperando, y tomarse uno como referencia y tomar lo que el otro ofrezca. Nada más real que eso.  Aunque este bastante simplificado, más que eso no hace falta decir. Eso es conexión.

Bueno, simplemente eso. Conectarse es mas valioso que simplemente contactarse, pero implica mucho, y no garantiza que esa la conexión vaya a durar. Al final, lo que más vale la pena viene en envase pequeño