El poder de la palabra
Estuve reflexionando mucho últimamente acerca de en qué
cosas creemos y en qué cosas no.
El análisis que sigue no va a ir direccionado hacia lo intrínseco
de nuestras creencias y como se ajustan con nuestro sistema mental, sino que va a
tomar un poco más el hecho de quienes son los que nos dicen las cosas en las
que creemos. Me quisiera focalizar en el quién, en el sujeto que se encarga de
transmitir los mensajes que nosotros, los receptores, tenemos que decidir si
creer o no.
Para analizar a quien le creemos, hay que tener en cuenta el
concepto de confianza. Confiar puede definirse como “Esperar con seguridad y
credulidad que algo suceda o que alguien se comporte como se desea”. Confiar es
creer en algo. Confiar implica tener fé y esperanza en que las cosas van a
ocurrir como creemos que van a ocurrir. Creencia es algo que existe en la mente
humana, es algo abstracto interno. Si confiamos en una creencia es porque
esperamos que eso en lo que creemos va a ser (o es) algo real.
Las creencias provienen de la interacción diaria con el
medio. La sensación de calor que causa el sol en nuestra piel va a producir la
creencia de que si estamos al sol vamos a tener calor en nuestra piel. La
saciedad que causa a nuestra sed el tomar agua va a causar la creencia de que
tomar agua sacia la sed. Y la lista puede continuar. De todas formas, en estos
casos no existe otra persona más que una. Solo una persona en relación con el
medio. Cuando aparece un tercero en esta relación, la cuestión cambia. Puede
darse la situación de que alguien nos diga que el sol causa calor en nuestra
piel, y luego nosotros comprobemos que es así, y por esa razón creamos en eso. También
puede darse la situación de que el otro nos mienta diciendo que tomando cierta
bebida nuestra sed será saciada, y que dicha bebida nos cause mas sed. Por esa razón,
vamos a creer que esa bebida, al contrario de lo que nos dijeron, no sacia la
sed. Pero a estas creencias se suma la confianza a la persona. A la primera le
vamos a creer, a la segunda ya no. Tan fácil como que hay gente que miente o
gente que dice la verdad. De esa forma primigenia se construye la confianza,
comprobando que lo que nos dice alguien es real. Entonces este acto
comunicativo posee dos fenómenos en un mismo acto: se genera la creencia (o no)
en el hecho enunciado, y aumenta (o no) la confianza en la persona. Todo en el
mismo proceso.
Un tema es analizar estas situaciones cuando en la misma se
presentan dos o más personas que se encuentran cara a cara y que interactúan con
formas de comunicación primaria, como lo es el dialogo, como, por ejemplo, en interacciones
que se dan tomando un café o charlando mientras se espera al colectivo. Simplemente
hay que analizar la relación que existe entre los interactuantes, que opinión
tiene cada uno del otro, y demás cuestiones. Lo que interesa en este análisis es
saber que pasa en las situaciones donde existe alguien que dice algo, pero desconocemos
quien es, sin saber siquiera el más mínimo dato. La pregunta es: ¿Por qué creemos
o confiamos en cosas que escuchamos o leemos sin siquiera conocer quién es (o
como es) el emisor del mensaje?
Mi teoría es que a veces creemos a gente que no conocemos o
a cosas que escuchamos (como en radio o en una grabación, en la que no sabemos quién
es el que emite los sonidos), o que leemos sin conocer el autor porque al
desconocer quién es el emisor podemos ver en mensaje en lo que es intrínsecamente,
y no estamos condicionados por quien lo dice. Entonces, lo que va a ocurrir es
que vamos a tender a ver en ese mensaje algo de nosotros mismos. Y mientras más
nos veamos en ese mensaje, mas vamos a creer en él. Si nos vemos en el mensaje,
que puede ser una publicidad, o una obra de arte, una canción, un poema, un
ensayo o lo que sea, vamos a tender a confiar y creer en eso que se dice. Esto
tiene que ver con el concepto de endogrupo, con el cual nos sentimos con más
seguridad con miembros del grupo en el que pertenecemos o al que sentimos pertenecía.
De todas formas, en estos casos mencionados, donde el emisor del mensaje no es
un personaje concreto (no es alguien que efectivamente se encuentra enfrente de
nosotros, en carne y hueso) sino mas un personaje abstracto (alguien que
reconocemos como humano solo porque estamos leyendo o escuchando que alguien
dice algo, no porque efectivamente lo veamos), el endogrupo no se refiere a
personas que vemos, percibimos o conocemos, sino que se refiere a la proyección
que hacemos de nosotros mismos en ese texto. Dicho con otras palabras, creemos
en ese mensaje porque es en parte producido por uno mismo, aunque nosotros no
hayamos escrito o dicho esas palabras.
Ahora, para poner un ejemplo, supongamos que leemos una
frase cualquiera en Twitter o en la vía pública, algo como “Mañana va a ser un
mejor día”, y desconocemos totalmente quien escribió eso. La única referencia
que tenemos del autor de ese mensaje es que es humano porque sólo los humanos
podemos utilizar el lenguaje. Entonces, ¿Qué más podemos pensar del emisor?
Nada. Podemos hacer suposiciones la forma de escritura, por la ubicación o el
medio por el cual percibimos el mensaje, etc. Pero más allá de esas
suposiciones, el emisor podría ser cualquier persona. Y ahí está la cuestión.
Como podría ser cualquier persona,
efectivamente puede ser cualquiera. Y
dentro del conjunto “cualquier persona” entra el receptor del mensaje. Entonces,
yo, lector del escrito, oyente del discurso, puedo ser el mismo autor del
mensaje. Evidentemente, no lo soy, pero podría
serlo. Y de allí, lo único que consideramos para pensar si ese mensaje es
verdad o no es si nosotros lo emitiríamos o no. Si estamos teniendo un día
malo, y sabemos que mañana va a ser mejor, creemos en ese mensaje que mencione
al principio del párrafo. Si, al contrario, tenemos un ánimo pesimista y pensamos
que mañana no va a ser mejor, no creemos en ese mensaje. Lo que hace que
confiemos o no depende, en estos casos, en si uno diría eso. Entonces, al
final, la confianza vendría de la mano no de quien lo dice, sino de quien lo percibe.
Y esto mismo se da con otras situaciones más complejas. Si uno está leyendo un libro
del que se desconoce el autor y cree en lo que el mismo dice, es por esta razón,
porque es algo que el lector escribiría. Y así podrían seguirse los ejemplos y
las situaciones, pero ya quedaría para un análisis más extenso. Lo importante
seria analizar porque creemos en lo que nos comunican, y reflexionar en que
tanto de nosotros mismos reconocemos en los mensajes que percibimos.
Cabe aclarar que este análisis, al tratarse de situaciones
en la que no se conoce al autor, no considera aspectos como la confianza del
receptor en el emisor por ser una figura de autoridad, o por tener prestigio.
En esos casos, lo que ocurre es que existe en la mente del receptor la
posibilidad de haber producido ese mensaje, pero la misma es menor porque se reconoce
quien hizo el mensaje, al contrario de las otras situaciones mencionadas. Si estamos
con una persona concreta y ella nos dice “mañana va a ser un mejor día”, vamos
a creerle o no de acuerdo a si confiamos o no en esa persona, si nos
identificamos o no con ella, además de si nosotros diríamos o no esa frase. Ahí
si interviene mucho la capacidad del emisor. Pero cuando el emisor desaparece físicamente
y pasa a ser una entidad mental abstracta y llena de huecos, la llenamos con
nuestra persona, y de allí decidimos si creemos o no con los criterios ya
mencionados.
Lo mejor para ilustrar este análisis va de la mano de un
ejemplo. Vean la siguiente obra de arte:
Todos pueden percibirla como mensaje inspirador e
interpretarla de la forma que quieran. Pero en el momento que se conoce el
autor, algunas personas pueden sentir rechazo y pueden dejar de identificarse
con la obra. Bueno, el autor de esa pintura fue Hitler. Ahora, ¿cambio la pintura
solo por saber eso? La respuesta es no.
No cambió en lo más mínimo. Lo que sí cambio es como se percibe. Con esto,
quiero mostrar que el mismo mensaje puede ser muy diferente de acuerdo a quien
lo dice. Y eso es lo importante en toda la comunicación. No sólo quien dice qué,
sino como se percibe, con el objetivo de para ser tomado en cuenta y para tomar
conciencia en que creemos o decidimos creer.
