La magia del no sé.
Admito que me es complicado no
tener la respuesta. Para colmo, hay miles de interrogantes en la vida diaria, y
tenemos respuesta a unos pocos. Me es fácil ponerme ansioso por conocer las
razones, o las historias detrás de las actitudes de los demás. El por qué y el
cómo son mi karma y en lo que pienso en cualquier momento libre
La verdad, no creo ser el único que
piensa así. Lo que se nos aparece como incongruente nos llama la atención, más
aun si esto nos afecta de forma directa. Y cuando aparece algo incongruente,
buscamos razones. Que por qué pasó esto, que como llegamos a estar así, y demás
– preguntas con pocas respuestas. Es una acción tan común que me es difícil encontrar
un ejemplo en el mar de situaciones donde esto ocurre. Se me ocurre que saber
porque se nos rompió un auricular que estaba sano el día anterior, o quien se
comió lo que quedaba de un paquete de galletas que pensábamos comer son de los
ejemplos menos profundos de esta situación. Situación que, por común, resulta
hasta superflua a veces, pero que también una vez resuelta permite avanzar. El
porqué y el cómo, el quién y el cuándo, el dónde y el para qué, ayudan si los
tenemos. Son los que nos permiten cerrar la Gestalt, también interpretada como
forma o estructura. Si algo nos suena y nos resuena, conocer los elementos o
las razones, ayuda a terminar con estas incongruencias, y a cerrar, a llevar la
mente a otro lado. Solo que, como mencione al principio, no siempre se puede.
Estimado lector, si se ha sentido
en algún momento así, le propongo una solución satisfactoria en su realismo, ya
que es lo único que nos queda. Como creo haber mencionado en algunas
reflexiones anteriores, las personas cambian a cada momento, y las soluciones
deben adaptarse a las mismas. Simplemente le menciono la simplicidad que
comprende dejar de lado buscar razones y dejar que la maravillosa mente humana
se cierre a sí misma. Aunque admito que soy de esas personas que no les gusta
dejar que las cosas pasen de largo y soy de los que les gusta cerrar todas las
situaciones de alguna forma, comprendo que esto no es siempre posible. Para
situaciones así, recurro al maravilloso No Sé. Al reconocerse la imperfección y
la falta de algunas respuestas a las preguntas que nos hacemos, nada mejor que
recurrir a uno mismo y darse la mejor respuesta: No sé. Con ese simple acto,
uno puede dejar de lado cuestiones que rondan la mente y que consumen energía de
forma inútil. No es fácil, el malestar puede continuar hasta después de
reconocer esa falta de omnisciencia. Pero con la respuesta más definitiva y mas
transitoria de todas, con un “No sé porque pasa esto, no sé cómo es que llegamos
acá” se puede dejar de observar el pasado y pensar en lo más real de todo, el
ahora. Y el ahora es la base que tenemos para construir lo que necesitamos. Con
esto no me refiero a que debemos dejar el pasado: él es fuente de sabiduría. Simplemente
recuerdo que el pasado ya quedo finalizado, ya cerró de alguna forma, a veces
sin que sepamos porqué. Las cosas se escapan de nuestras manos, y cierran por
si solas. Y así es la vida. Quedaría en el aire la reflexión filosófica de si
tenemos alguna capacidad de influir en el transcurso de la vida, pero me parece
que se escaparía del caso. Lo que queda es que las cosas ocurren por algo, y lo
mejor que se puede hacer es tener el doble pensamiento de que algún día se sabrá
el porqué y que también puede ser que nunca se sepa la razón de lo que nos
preocupa.
En fin, ya deliro un poco. Reconocerse
vulnerable y desconocedor es un acto de valentía que no es muy común en la
historia humana, pero es una característica tan propia como la capacidad de
respirar.
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