sábado, 21 de junio de 2014

-... Y, que se yo.

La magia del no sé.
Admito que me es complicado no tener la respuesta. Para colmo, hay miles de interrogantes en la vida diaria, y tenemos respuesta a unos pocos. Me es fácil ponerme ansioso por conocer las razones, o las historias detrás de las actitudes de los demás. El por qué y el cómo son mi karma y en lo que pienso en cualquier momento libre
La verdad, no creo ser el único que piensa así. Lo que se nos aparece como incongruente nos llama la atención, más aun si esto nos afecta de forma directa. Y cuando aparece algo incongruente, buscamos razones. Que por qué pasó esto, que como llegamos a estar así, y demás – preguntas con pocas respuestas. Es una acción tan común que me es difícil encontrar un ejemplo en el mar de situaciones donde esto ocurre. Se me ocurre que saber porque se nos rompió un auricular que estaba sano el día anterior, o quien se comió lo que quedaba de un paquete de galletas que pensábamos comer son de los ejemplos menos profundos de esta situación. Situación que, por común, resulta hasta superflua a veces, pero que también una vez resuelta permite avanzar. El porqué y el cómo, el quién y el cuándo, el dónde y el para qué, ayudan si los tenemos. Son los que nos permiten cerrar la Gestalt, también interpretada como forma o estructura. Si algo nos suena y nos resuena, conocer los elementos o las razones, ayuda a terminar con estas incongruencias, y a cerrar, a llevar la mente a otro lado. Solo que, como mencione al principio, no siempre se puede.
Estimado lector, si se ha sentido en algún momento así, le propongo una solución satisfactoria en su realismo, ya que es lo único que nos queda. Como creo haber mencionado en algunas reflexiones anteriores, las personas cambian a cada momento, y las soluciones deben adaptarse a las mismas. Simplemente le menciono la simplicidad que comprende dejar de lado buscar razones y dejar que la maravillosa mente humana se cierre a sí misma. Aunque admito que soy de esas personas que no les gusta dejar que las cosas pasen de largo y soy de los que les gusta cerrar todas las situaciones de alguna forma, comprendo que esto no es siempre posible. Para situaciones así, recurro al maravilloso No Sé. Al reconocerse la imperfección y la falta de algunas respuestas a las preguntas que nos hacemos, nada mejor que recurrir a uno mismo y darse la mejor respuesta: No sé. Con ese simple acto, uno puede dejar de lado cuestiones que rondan la mente y que consumen energía de forma inútil. No es fácil, el malestar puede continuar hasta después de reconocer esa falta de omnisciencia. Pero con la respuesta más definitiva y mas transitoria de todas, con un “No sé porque pasa esto, no sé cómo es que llegamos acá” se puede dejar de observar el pasado y pensar en lo más real de todo, el ahora. Y el ahora es la base que tenemos para construir lo que necesitamos. Con esto no me refiero a que debemos dejar el pasado: él es fuente de sabiduría. Simplemente recuerdo que el pasado ya quedo finalizado, ya cerró de alguna forma, a veces sin que sepamos porqué. Las cosas se escapan de nuestras manos, y cierran por si solas. Y así es la vida. Quedaría en el aire la reflexión filosófica de si tenemos alguna capacidad de influir en el transcurso de la vida, pero me parece que se escaparía del caso. Lo que queda es que las cosas ocurren por algo, y lo mejor que se puede hacer es tener el doble pensamiento de que algún día se sabrá el porqué y que también puede ser que nunca se sepa la razón de lo que nos preocupa.

En fin, ya deliro un poco. Reconocerse vulnerable y desconocedor es un acto de valentía que no es muy común en la historia humana, pero es una característica tan propia como la capacidad de respirar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario