sábado, 6 de diciembre de 2014

Un niño juega con un muñeco

Desde chico un juego que siempre me gusto fue “Los Sims”. Por si no lo conocen, o alguien lee esto después de mucho tiempo, “Los Sims” es un juego en el que se simula la vida humana. Uno crea a un Sim, le personaliza la cara, la vestimenta y hasta la personalidad, y luego vive su vida trabajando, comprando cosas y conociendo a otros Sims. Me pasé horas jugando a ese juego, en mi casa o en casa de mis amigos inclusive, y me fascinaba pasar tiempo haciendo que ese Sim hiciera lo mismo una y otra vez para conseguir esa cama especial, o para que subiera de habilidades, y que fuera, por supuesto, el mejor.
Igual, cuando digo que me pasaba horas era algo de todos los días. Y en esas horas, el humanito siempre tenía la misma rutina. Se levantaba, hacia la misma rutina de desayuno-baño-ducha y se iba al trabajo. Volvía, veía tele y en el tiempo que le quedaba hacia diferentes cosas como leer un libro, mejorar alguna habilidad o hablar con algún amigo, y así pasaban los días Sim.
Una cosa que me llamó la atención de todo esto hace poco fue como eran las relaciones que tenía uno de mis Sims con los demás. Él solo tenía amigos para poder ascender en el trabajo. Entonces, a veces pasaba que tenía como 15 amistades, y pasaba que algunas estaban a punto de perderse porque hacía mucho que no se “cultivaba” esa relación. Lo que realizaba, entonces, era invitar al amigo que estaba por perderse a la casa, charlar hasta que la relación llegaba al 100% de cercanía, y apenas eso pasaba lo despedía y seguía con otra cosa. Todo estaba planificado para que sea funcional al objetivo de seguir avanzando en el trabajo. Inclusive, a veces el Sim cruzaba la línea y pasaba de ser amigo a tener ya una relación amorosa, y todo esto porque si tenían una relación amorosa la línea de porcentaje de amistad bajaba más despacio, entonces podía pasar más tiempo sin verlo y aun así mantenerlo como amigo.
Básicamente, las relaciones eran algo totalmente racional que respondían a un objetivo funcional de poder “mejorar” y tener un mejor empleo o a veces eran solo para poder satisfacer la necesidad del Sim de tener actividad social.
Lo que más despertó mi pensamiento al recordar todo esto fue justamente caer en cómo era mi estilo de jugar a los Sims. Hablando con amigos o con conocidos, escuche muchas formas diferentes de hacerlo. Había personas que solo querían usar el constructor de casas, y pasaban horas diseñandolas bien completas, pero al terminarlas no les divertía jugar con su personaje y empezaban con una casa nueva. A otros, les interesaba tener familias enormes, con una pareja y varios hijos o con varios Sims que capaz no tenían relación. Algunos les interesaba tener amoríos con las parejas de otros, o algunas veces jugaban a matarlos, de todo. Pero mi forma predilecta era tener un Sim, mejorarle todas las habilidades al máximo, que sea lo más independiente posible de otros, tener el mejor trabajo y luego que forme una familia, aunque ya cuando llegaba esa parte me aburría. Luego, con más expansiones del juego llegaron más cosas para realizar, como poder viajar y nuevas habilidades, y mi objetivo siempre era llegar al máximo y luego pasar a otra cosa. Cada uno tiene su estilo de juego, y es totalmente valido jugarlo como se quiera, pero me parece que la forma en la que se decide jugar muestra un poco de la persona, más aun cuando es un juego en el que se simula ser un humano con otros pseudohumanos que interactúan en un mundo como el nuestro. En fin, esto marca alguna tendencia.
Volviendo al tema de cómo eran las relaciones de mi Sim con los otros, reflexioné de cómo son las relaciones que tenemos con los demás en la vida real, con una visión introspectiva, por supuesto. En el juego (en mi forma de jugarlo), las relaciones eran puramente funcionales, que respondían a una necesidad externa (el trabajo), o a una necesidad interna (tener relaciones sociales). Y las relaciones de amistad eran con cualquier Sim que se cruzaba, indistintamente. No había un cruce del destino o mágico que hacía que se conocieran y se amigaran, era simplemente la casualidad la que hacia que se reunieran. Una vez que lo tenía en la lista de contactos, era cuestión de que mi personaje lo llamara y así hasta que eran amigos al 100%. Y eran relaciones totalmente buenas con todos, sin discriminar en el sexo, o en la contextura física, o en la personalidad. Todas al máximo. También tenía muchos amantes. Y si se bajaba la barrita de amistad, era tan simple como dedicar un poco de tiempo a esa “personita” para volver a llegar al cien, y así seguir la rutina.
Escribiría alguna conclusión con respecto a esto, pero me parece que sería extremista. Podría decir que en cierto punto así es como pasa en la vida real, pero sé que hacerlo sería exagerar. Con lo que me quedo es con poder notar cómo es que decidíamos jugar a ese juego. Si decidíamos centrarnos en tener una familia enorme, o mucho dinero, o muchas habilidades, o muchas amistades. Lo tomo en cuenta porque a veces se olvida que las personas no están para cumplir nuestros objetivos, o que las relaciones son mucho más impredecibles como para saber con quién se está al 100% y con quien hay que reencontrarse para recuperar la amistad. Y terminaría con una frase, ya gastada de tanto uso, pero que resume todo lo escrito hasta acá:
“Dime como juegas a ‘Los Sims’ y te diré quién eres”


sábado, 25 de octubre de 2014

Te creo porque lo digo yo

El poder de la palabra

Estuve reflexionando mucho últimamente acerca de en qué cosas creemos y en qué cosas no.

El análisis que sigue no va a ir direccionado hacia lo intrínseco de nuestras creencias y como se ajustan con nuestro sistema mental, sino que va a tomar un poco más el hecho de quienes son los que nos dicen las cosas en las que creemos. Me quisiera focalizar en el quién, en el sujeto que se encarga de transmitir los mensajes que nosotros, los receptores, tenemos que decidir si creer o no.
Para analizar a quien le creemos, hay que tener en cuenta el concepto de confianza. Confiar puede definirse como “Esperar con seguridad y credulidad que algo suceda o que alguien se comporte como se desea”. Confiar es creer en algo. Confiar implica tener fé y esperanza en que las cosas van a ocurrir como creemos que van a ocurrir. Creencia es algo que existe en la mente humana, es algo abstracto interno. Si confiamos en una creencia es porque esperamos que eso en lo que creemos va a ser (o es) algo real.
Las creencias provienen de la interacción diaria con el medio. La sensación de calor que causa el sol en nuestra piel va a producir la creencia de que si estamos al sol vamos a tener calor en nuestra piel. La saciedad que causa a nuestra sed el tomar agua va a causar la creencia de que tomar agua sacia la sed. Y la lista puede continuar. De todas formas, en estos casos no existe otra persona más que una. Solo una persona en relación con el medio. Cuando aparece un tercero en esta relación, la cuestión cambia. Puede darse la situación de que alguien nos diga que el sol causa calor en nuestra piel, y luego nosotros comprobemos que es así, y por esa razón creamos en eso. También puede darse la situación de que el otro nos mienta diciendo que tomando cierta bebida nuestra sed será saciada, y que dicha bebida nos cause mas sed. Por esa razón, vamos a creer que esa bebida, al contrario de lo que nos dijeron, no sacia la sed. Pero a estas creencias se suma la confianza a la persona. A la primera le vamos a creer, a la segunda ya no. Tan fácil como que hay gente que miente o gente que dice la verdad. De esa forma primigenia se construye la confianza, comprobando que lo que nos dice alguien es real. Entonces este acto comunicativo posee dos fenómenos en un mismo acto: se genera la creencia (o no) en el hecho enunciado, y aumenta (o no) la confianza en la persona. Todo en el mismo proceso.
Un tema es analizar estas situaciones cuando en la misma se presentan dos o más personas que se encuentran cara a cara y que interactúan con formas de comunicación primaria, como lo es el dialogo, como, por ejemplo, en interacciones que se dan tomando un café o charlando mientras se espera al colectivo. Simplemente hay que analizar la relación que existe entre los interactuantes, que opinión tiene cada uno del otro, y demás cuestiones. Lo que interesa en este análisis es saber que pasa en las situaciones donde existe alguien que dice algo, pero desconocemos quien es, sin saber siquiera el más mínimo dato. La pregunta es: ¿Por qué creemos o confiamos en cosas que escuchamos o leemos sin siquiera conocer quién es (o como es) el emisor del mensaje?
Mi teoría es que a veces creemos a gente que no conocemos o a cosas que escuchamos (como en radio o en una grabación, en la que no sabemos quién es el que emite los sonidos), o que leemos sin conocer el autor porque al desconocer quién es el emisor podemos ver en mensaje en lo que es intrínsecamente, y no estamos condicionados por quien lo dice. Entonces, lo que va a ocurrir es que vamos a tender a ver en ese mensaje algo de nosotros mismos. Y mientras más nos veamos en ese mensaje, mas vamos a creer en él. Si nos vemos en el mensaje, que puede ser una publicidad, o una obra de arte, una canción, un poema, un ensayo o lo que sea, vamos a tender a confiar y creer en eso que se dice. Esto tiene que ver con el concepto de endogrupo, con el cual nos sentimos con más seguridad con miembros del grupo en el que pertenecemos o al que sentimos pertenecía. De todas formas, en estos casos mencionados, donde el emisor del mensaje no es un personaje concreto (no es alguien que efectivamente se encuentra enfrente de nosotros, en carne y hueso) sino mas un personaje abstracto (alguien que reconocemos como humano solo porque estamos leyendo o escuchando que alguien dice algo, no porque efectivamente lo veamos), el endogrupo no se refiere a personas que vemos, percibimos o conocemos, sino que se refiere a la proyección que hacemos de nosotros mismos en ese texto. Dicho con otras palabras, creemos en ese mensaje porque es en parte producido por uno mismo, aunque nosotros no hayamos escrito o dicho esas palabras.
Ahora, para poner un ejemplo, supongamos que leemos una frase cualquiera en Twitter o en la vía pública, algo como “Mañana va a ser un mejor día”, y desconocemos totalmente quien escribió eso. La única referencia que tenemos del autor de ese mensaje es que es humano porque sólo los humanos podemos utilizar el lenguaje. Entonces, ¿Qué más podemos pensar del emisor? Nada. Podemos hacer suposiciones la forma de escritura, por la ubicación o el medio por el cual percibimos el mensaje, etc. Pero más allá de esas suposiciones, el emisor podría ser cualquier persona. Y ahí está la cuestión. Como podría ser cualquier persona, efectivamente puede ser cualquiera. Y dentro del conjunto “cualquier persona” entra el receptor del mensaje. Entonces, yo, lector del escrito, oyente del discurso, puedo ser el mismo autor del mensaje. Evidentemente, no lo soy, pero podría serlo. Y de allí, lo único que consideramos para pensar si ese mensaje es verdad o no es si nosotros lo emitiríamos o no. Si estamos teniendo un día malo, y sabemos que mañana va a ser mejor, creemos en ese mensaje que mencione al principio del párrafo. Si, al contrario, tenemos un ánimo pesimista y pensamos que mañana no va a ser mejor, no creemos en ese mensaje. Lo que hace que confiemos o no depende, en estos casos, en si uno diría eso. Entonces, al final, la confianza vendría de la mano no de quien lo dice, sino de quien lo percibe. Y esto mismo se da con otras situaciones más complejas. Si uno está leyendo un libro del que se desconoce el autor y cree en lo que el mismo dice, es por esta razón, porque es algo que el lector escribiría. Y así podrían seguirse los ejemplos y las situaciones, pero ya quedaría para un análisis más extenso. Lo importante seria analizar porque creemos en lo que nos comunican, y reflexionar en que tanto de nosotros mismos reconocemos en los mensajes que percibimos.
Cabe aclarar que este análisis, al tratarse de situaciones en la que no se conoce al autor, no considera aspectos como la confianza del receptor en el emisor por ser una figura de autoridad, o por tener prestigio. En esos casos, lo que ocurre es que existe en la mente del receptor la posibilidad de haber producido ese mensaje, pero la misma es menor porque se reconoce quien hizo el mensaje, al contrario de las otras situaciones mencionadas. Si estamos con una persona concreta y ella nos dice “mañana va a ser un mejor día”, vamos a creerle o no de acuerdo a si confiamos o no en esa persona, si nos identificamos o no con ella, además de si nosotros diríamos o no esa frase. Ahí si interviene mucho la capacidad del emisor. Pero cuando el emisor desaparece físicamente y pasa a ser una entidad mental abstracta y llena de huecos, la llenamos con nuestra persona, y de allí decidimos si creemos o no con los criterios ya mencionados.
Lo mejor para ilustrar este análisis va de la mano de un ejemplo. Vean la siguiente obra de arte:



Todos pueden percibirla como mensaje inspirador e interpretarla de la forma que quieran. Pero en el momento que se conoce el autor, algunas personas pueden sentir rechazo y pueden dejar de identificarse con la obra. Bueno, el autor de esa pintura fue Hitler. Ahora, ¿cambio la pintura solo por saber eso? La respuesta es no. No cambió en lo más mínimo. Lo que sí cambio es como se percibe. Con esto, quiero mostrar que el mismo mensaje puede ser muy diferente de acuerdo a quien lo dice. Y eso es lo importante en toda la comunicación. No sólo quien dice qué, sino como se percibe, con el objetivo de para ser tomado en cuenta y para tomar conciencia en que creemos o decidimos creer.

sábado, 18 de octubre de 2014

Tomo un desafío y lo hago propio

Hoy, después de un tiempo, vuelvo al blog, pero con un cuento que escribí en un desafío. Simplemente trata un poco acerca de como momentos tan comunes son infinitamente significativos si los vemos lo suficiente. De algún lugar las cosas son como son. Acá está:



-         ¿Verdad?
-         Verdad
-         ¿Posta?
-         Más vale
Parecía una charla tan inocente. Una conversación que no sobresale para nada de ninguna otra. Se da entre dos personas, que parecen ser amigas; no hay subidas de tono, no hay gestos raros, nada del otro mundo. Pero para él, ese intercambio de palabras valía más que cualquier cosa que pudiera desear.
-         Che, y hablando de otra cosa, ¿vos como andas?
De repente, apareció esa consulta. Como el resto de la situación, parecía inocente, incapaz de modificar algo. Una pequeña frase tan pasajera, tan usada, ya sin valor. Pero él sabía que no era así. Sabía que esa pregunta no era inocente. Sabía que esa pregunta era un peligro, una advertencia que, lamentablemente, aprendió con el tiempo. Era su perdición: Él se había perdido en esa frase años atrás.
-         Y, en lo general bien - (Él sabía que iba a salir esa pregunta. Ya pasó tiempo desde que había caído en esa trampa – esa trampa,llena de…)- Igual, ¿Por qué preguntás? Digo, ¿Qué querés saber?
-         Quería saber cómo andas, que es de tu vida.
De nuevo. Este dialogo no parece ser nada raro. No era nada raro. ¿Cuántas veces él, o cualquiera, había tenido conversaciones así? Como quien habla del clima, como quien va a la peluquería y conversa de cosas que saben ambos, peluquero y cliente, que no son trascendentes, como quien saca charla para que no haya silencios incómodos. Son conversaciones que llenan espacio, que no causan cambio.
Pero ésta, en particular, si los causaba.
-         Bueno, como te dije, ando bien. Un poco enquilombado, tengo que organizar unas entrevistas para el trabajo, y me atrase con un cliente, pero nada que no haya pasado antes - (Él sabía que no era eso lo que preguntaba. Él sabía que no era eso lo que realmente quería responder. Pero no quería caer en la trampa. No quería. No lo deseaba). De todas formas, continuó diciendo– Igual, también ando medio desanimado, debe ser porque empecé natación y me duele todo el cuerpo. ¿vos?
No iba a dejar que ocurra. No podía ser. Él sabía que no podía ser. Pero la trampa lo supero de nuevo. Y su interlocutor respondió:
-         Bien, re contento por suerte, ¡al fin la pegue! Vos ya sabes con quien estoy saliendo, andamos re bien… Igual, contame más, ¿Porqué andas desanimado?
¿Por qué lo superó? Porque el  quería. De nuevo a él le tocaba responder:
-         … -él no podía, no quería (si quería) mirar sus ojos. Él no pudo responder nada.
-         ¿No me vas a decir?
-         Nada, es por natación – mintió.
Después de esta respuesta, él miro sus ojos. No quiso ni saber el color. No le interesaba eso. Solo quería dejar en claro que era mentira lo que estaba diciendo. Que era claro que sí le pasaban cosas. Sólo que él se hartó de caer en la misma siempre. Hundirse en esa pregunta tan inocente y a la vez tan poderosa. Porque, ¿quien realmente quiere escuchar cómo está el otro? ¿Quién sinceramente es capaz de querer oírlo, a él? ¿O a cualquiera? ¿Qué ganás? Bueno. Esos ojos, los del color desconocido, si mostraban ese interés. Si querían saber qué había abajo de toda esa piel, detrás de toda esa conversación sin sentido, atrás de esa fachada que todos tenemos, escondida en esa excusa de la natación. Y esa era la tentación. Ese interés. Ese genuino interés. Ese maldito interés. Y esa era la trampa también. Esa engaño que esos globos oculares le tendían, le ofrecían. Dos cosas tan simples como unos ojos y una pregunta valían todo el universo para él. Lo valían y lo seguían valiendo.
Increíble, ¿no? Con solo un “¿Cómo andas?” él ya se volvía loco. Desesperado como para salir corriendo. Insano como para romper el vaso que tenía en la mano y escapar. Huir. Desaparecer. Alejarse de esos ojos sin color, o de todos los colores. Esas pupilas que prometen, que prometieron, que prometían. Que llevaban a una mentira. Esos ojos que, después de tanta promesa, después de un tiempo, se cerraron, y con ellos la pregunta. Esa frase dejo de formularse, esos colores desconocidos dejaron de estar. (Hacía tiempo que paso eso. Años. Y por eso él no quería caer de nuevo en eso. Ya sabia lo que ocurría, y él no quería pasar por eso de nuevo). Solo que ahora, esas retinas volvían. Después de largo tiempo, regresaban. Pero él ya había aprendido.
De allí, la conversación siguió por otro lado. Él, que miró a esos ojos para decir que era mentira su respuesta, que no era que no le pasaba nada y que no era culpa de la natación, (que, la verdad, estaba mal por otros miles de temas, que esperaba que la persona que poseía esos no-colores cambiara, que no lo dejara de nuevo, que cumpla su promesa, que lo ayude a ser feliz) decidió no caer de nuevo. No quería.
Pero la verdad, el sí quería. 

jueves, 7 de agosto de 2014

Me detengo a repasar el paisaje

De algo sirven los conceptos obvios
No dejo de fascinarme por lo más común. Es increíble. Detenerse a ver lo que ocurre a nuestro alrededor es el ejercicio que más hacemos en nuestra vida, solo que esta tan internalizado que a veces perdemos la oportunidad de apreciarlo. Somos seres diseñados para filtrar información, y para interpretarla. Somos incomparablemente mejores que cualquier maquina aun no inventada, y tenemos una capacidad de adaptación de la que nos sorprenderíamos si nos diéramos la oportunidad. Podemos percibir los cambios más tenues en lo demás, aun así no lo recibamos de forma consciente. Y si logramos percibirlos, tenemos todas las posibilidades de acción a nuestro alcance, y solo la decisión que hacemos en el momento puede producir el cambio.
Alejándome un poco de los pensamientos antropocentristas y acercandome un poco más a la vida cotidiana, solo quería comentar como es que a veces, las cosas más importantes deben dejarse de lado por razones que tienen la caracteristica de que no pueden ser nombradas. Como a veces hablar de temas que más cruzan la importancia de la vida de cada uno se vuelve lo más dificultoso de todo, y por eso se deja de lado. Como el temor al rechazo o al fracaso se convierte en fuente de inacción, en fuente de conservadurismo. Como la habituación nos regala la tranquilidad y nos quita la sorpresa. Como nos acostumbramos al estrés por el temor a pensar que no se avanza de otra forma. Como nuestros ideales del éxito nos influencian mucho más de lo que pensamos. Y mas allá del listado que pueda armar de razones innombradas de nuestras acciones, me importa recalcar cómo hacemos estas cosas sabiéndolo, siendo conscientes de que lo hacemos.
Es verdad que uno nunca deja de aprender. Nada nos está dado completo. Pero más allá de eso, siempre somos capaces de decidir. Si podemos decidir, es porque sabemos, percibimos cosas de lo que nos está ocurriendo. Puede que saber (refiriéndonos a conocimiento “objetivo”, “factual” = "información") no sepamos todo, pero si percibimos la totalidad de estímulos sensoriales y lo que eso nos provoca, tanto a nivel emocional como racional. Entonces, en cierta forma, sabemos las cosas. Sabemos que eso que vamos a comer nos va a hacer mal. Sabemos que esa amistad es un esfuerzo que deberíamos dejar de hacer. Sabemos que deberíamos ir a dormir más temprano y que deberíamos alejarnos del exceso tecnológico. Todo lo sabemos, sea por experiencia propia, por la de terceros o por nuestra educación. Aun así, por muchas razones, decidimos actuar igual, no cambiar nuestras actitudes. Y yo quiero recalcar dos de las razones por las que decidimos actuar igual, que son hermosas en su contradictoriedad y en su relación:
  •     Porque estamos acostumbrados
  •   Porque esperamos/tememos que el resultado sea diferente

Vuelvo a repetir, estas son solo dos razones. Pueden haber cientos, miles más. Pero estas dos son cómicas si las relacionamos. La costumbre es una gran modeladora de actitudes. Ya nos conocemos, hemos comido cientos de veces ese chocolate, hemos tomado miles de veces esos mates. Sabemos lo que hacemos. Pero la vida, esa máquina impredecible, también nos comentó que hay que dejarle lugar a lo imprevisto. Y a veces confiamos en eso. Digamos, no solo nos dejamos llevar por lo que siempre hacemos; además de eso, esperamos que lo que siempre hacemos nos traiga un resultado diferente. Lógica, ¿dónde? Por supuesto, estas son cosas que me fascinan y que son increíblemente comunes. Repito y acepto que hay otras razones por las que solemos tener conductas típicas, por supuesto (por mencionar algunas: no le damos importancia, no tenemos fuerza para hacer otra cosa, no sabemos hacer otra cosa), pero en el momento en que estas dos son las que encabezan la lista de responsabilidad por nuestras actitudes, me regocijo en su contradictoriedad, y comprendo una parte de la esencia humana. Y al ver esta contradicción de forma tan evidente, de forma tan común y notarla en muchas más situaciones de las que me creo capaz de enumerar, me maravillo. Tan solo eso. Como, al final, algo tan conocido por la lógica como el principio de no contradicción de Aristóteles no se aplica, por lo menos a simple vista, en los humanos.

viernes, 1 de agosto de 2014

Veo un verso en la pared

No quiero enseñar. Quiero aprender

Un día te vi en un lugar oscuro
No recuerdo como ocurrió
Solo recuerdo lo impuro, lo mal que estuvo
Lo lento que transcurrió

Solo quería animarme a algo nuevo
Descubrir el sabor de la sorpresa
Irme con lo llevadero
No temer a la torpeza

Fuiste una enseñanza
Una nueva esperanza
Algo con una nueva vida
Y con una muerte definida

Miles de cosas debí dejar de hacer
Mil más decidí arriesgar
Decidí darle lugar al placer
Total, ¿Qué iba a pasar?
Yo solo quería aprender
El tiempo lo iba a disimular

Ahora tengo la mente inundada
Ya se pasa de cansada
Culpa de una vida movida
Que recién cruza la salida

lunes, 14 de julio de 2014

Charlo con alguien que esta en mi mismo camino

Tiene todo perfectamente delimitado, excepto los limites.

Me gusta pensar en lo imperfecto de la forma en la que nos comunicamos. Es prácticamente imposible poder expresar con total delimitación y graduación lo que pensamos, sentimos y percibimos a otra persona. Esto es porque el canal que usamos para hacerlo, el lenguaje que usamos para comunicarlo, las formas de expresión que usamos para transmitirlo, no es de la misma naturaleza con la que procesamos lo que vivimos. El conjunto de sentimientos, la cantidad de pensamientos, nuestro contexto y como llegamos a ellos se tienen que resumir obligatoriamente para poder ser comunicados, y esto hace que sea, en principio, imposible trasmitir de forma perfecta (*).
Los productos del proceso de percepción son esencialmente diferentes a los productos del proceso de expresión. Esto es así porque en el medio de estos dos existe el producto de la actividad humana (con todo lo que eso implica). Simplemente, lo que decimos no es lo mismo que lo que pensamos. Esto hace que no podamos definir de forma exacta todo lo que nos provocan cosas como la majestuosidad de un atardecer, o la imponencia de una maravilla natural, y la debamos resumir en simples “Que lindo atardecer” y “Que impresionante cascada”. No existe forma de saber si el que nos acompaño a conocer esa cascada o con quien se está disfrutando del atardecer sienten o piensan lo mismo que uno. Es muy posible que ambos estemos mirando lo mismo, pero es muy poco probable que estemos, básicamente, sintiendo lo mismo. Si intentáramos expresar lo que pensamos sobre esa situación, poniendo un esfuerzo de más, comprenderíamos que el otro tiene una mirada diferente sobre la misma imagen. También es posible que el otro no sea capaz de entender lo que esa imagen nos causa, ni nosotros de entender lo que le causa a nuestro compañero, y eso, en principio, nos frustraría, porque toda comunicación fallida ocasiona, en principio, frustración.
Este hecho, aunque común, a veces trae complicaciones. En el ejemplo dado, estoy tratando situaciones con poca importancia. Hechos tan efímeros como un atardecer o la caída del agua en una catarata, no ocasionan tantos problemas si no podemos trasmitir todas nuestras sensaciones a los demás. Son hechos repetibles, y que nuestro receptor puede recrear. Hay situaciones en las que esta imperfección comunicativa trae serios problemas, como el caso de personas con depresión, con pensamientos suicidas, con desordenes alimenticios, y centenas de ejemplos más. Al ser incapaces de expresar con totalidad lo que se siente, a veces la persona no puede pedir ayuda. Esto ocurre en los dos sentidos: el que quiere expresar no puede hacerlo, o el destinatario no puede recibir el mensaje. Podemos ser incapaces de emitir palabra cuando tenemos paranoia, o el otro puede ser incapaz de entender lo que es tener paranoia. También juega en el proceso de la imperfección de la comunicación la experiencia del otro. Es más fácil hablar con alguien que ya ha vivido las mismas situaciones que uno que con alguien que no. Por eso mismo ocurren situaciones donde se genera incomprensión en las relaciones entre personas: por la incapacidad de “ponerse en el lugar del otro”. Creo que solo quienes sufrieron la pérdida de un ser querido o la alegría inmensa de estar con la persona deseada pueden entenderse entre sí, y esta es una forma de empezar de vencer este defecto de la comunicación: encontrar a quien haya pasado por la misma o por similar situación, y desde esas situaciones buscar la comprensión.
Ahora, mencioné que me gusta pensar en lo imperfecto de esto, y en parte estoy mintiendo. Me pone ansioso pensar en lo imperfecto. Me gusta porque es real; me pone ansioso, no me gusta, por todo lo que no es. En la mente de muchas personas y en la pluma de muchos filósofos paso la idea de que los demás no pueden, ni van a poder, comprenderlo a uno mismo en su totalidad, o sentir de la misma forma que uno lo hace. Y en forma inversa, nunca vamos a poder comprender totalmente al otro. Eso es un hecho, por el mismo mecanismo de comunicación, que es, como mencioné, imperfecto en sí. A lo único que podemos aspirar es a tener confianza en lo que creemos que le pasa al otro, a pensar que el otro vive en el mismo mundo que uno mismo, o justamente lo contrario, a pensar que el otro vive en un mundo completamente diferente al nuestro. Tan solo podemos aspirar a ser imperfectos, y a sentir y comprender al otro de la forma que uno puede.
En base a todo esto, y hablando de la conexión, se puede llegar a una conclusión que podría pensarse como pesimista, pero yo prefiero verla como realista: El ser humano nace, vive y muere solo. Con esto me refiero a la soledad que causa no poder conectarse uno mismo, en su totalidad, con la totalidad otro. Siempre va a haber una parte nuestra guardada, que solo conocemos nosotros (y algunas partes que ni siquiera nosotros conocemos). Y también, los demás van a tener la suya. Esto mismo garantiza una cosa, que es la segunda conclusión: El ser humano nace, vive y muere libre. Libre en el sentido de que nadie nos va a poder conocer o controlar en la totalidad. Libre en el sentido que tenemos libertad para expresarnos o dejar de expresarnos a nuestra voluntad. No todo, hay cosas que si hacemos en contra de nuestra voluntad, pero siempre va a haber una parte solo nuestra. Y una tercera conclusión nace de esto: El ser humano nace, vive y muere siendo único. Esa parte nuestra incomunicable, esa parte nuestra que nos hace no poder comprender al otro en su totalidad, nos trae unicidad. Y por esa unicidad, por ese carácter particular que cada uno tiene, se ocasiona esta “imperfección” en la comunicación. No somos todos iguales, y por eso no podemos comunicar de forma total lo que sentimos o pensamos. Simplemente, porque cada uno lo hace a su manera. Y por eso me gusta esa imperfección: demuestra lo que es el ser humano.

(*)La comunicación, como proceso, degenera y regenera la fuente del mensaje. Esto provoca algunos efectos curiosos, como mencione en esta entrada. El uso del lenguaje debe resumir significados, acotarlos, y en este proceso se pierden y se ganan muchas cosas, pero a efectos de este articulo, el uso del lenguaje imposibilita la perfección de la comunicación.


sábado, 21 de junio de 2014

-... Y, que se yo.

La magia del no sé.
Admito que me es complicado no tener la respuesta. Para colmo, hay miles de interrogantes en la vida diaria, y tenemos respuesta a unos pocos. Me es fácil ponerme ansioso por conocer las razones, o las historias detrás de las actitudes de los demás. El por qué y el cómo son mi karma y en lo que pienso en cualquier momento libre
La verdad, no creo ser el único que piensa así. Lo que se nos aparece como incongruente nos llama la atención, más aun si esto nos afecta de forma directa. Y cuando aparece algo incongruente, buscamos razones. Que por qué pasó esto, que como llegamos a estar así, y demás – preguntas con pocas respuestas. Es una acción tan común que me es difícil encontrar un ejemplo en el mar de situaciones donde esto ocurre. Se me ocurre que saber porque se nos rompió un auricular que estaba sano el día anterior, o quien se comió lo que quedaba de un paquete de galletas que pensábamos comer son de los ejemplos menos profundos de esta situación. Situación que, por común, resulta hasta superflua a veces, pero que también una vez resuelta permite avanzar. El porqué y el cómo, el quién y el cuándo, el dónde y el para qué, ayudan si los tenemos. Son los que nos permiten cerrar la Gestalt, también interpretada como forma o estructura. Si algo nos suena y nos resuena, conocer los elementos o las razones, ayuda a terminar con estas incongruencias, y a cerrar, a llevar la mente a otro lado. Solo que, como mencione al principio, no siempre se puede.
Estimado lector, si se ha sentido en algún momento así, le propongo una solución satisfactoria en su realismo, ya que es lo único que nos queda. Como creo haber mencionado en algunas reflexiones anteriores, las personas cambian a cada momento, y las soluciones deben adaptarse a las mismas. Simplemente le menciono la simplicidad que comprende dejar de lado buscar razones y dejar que la maravillosa mente humana se cierre a sí misma. Aunque admito que soy de esas personas que no les gusta dejar que las cosas pasen de largo y soy de los que les gusta cerrar todas las situaciones de alguna forma, comprendo que esto no es siempre posible. Para situaciones así, recurro al maravilloso No Sé. Al reconocerse la imperfección y la falta de algunas respuestas a las preguntas que nos hacemos, nada mejor que recurrir a uno mismo y darse la mejor respuesta: No sé. Con ese simple acto, uno puede dejar de lado cuestiones que rondan la mente y que consumen energía de forma inútil. No es fácil, el malestar puede continuar hasta después de reconocer esa falta de omnisciencia. Pero con la respuesta más definitiva y mas transitoria de todas, con un “No sé porque pasa esto, no sé cómo es que llegamos acá” se puede dejar de observar el pasado y pensar en lo más real de todo, el ahora. Y el ahora es la base que tenemos para construir lo que necesitamos. Con esto no me refiero a que debemos dejar el pasado: él es fuente de sabiduría. Simplemente recuerdo que el pasado ya quedo finalizado, ya cerró de alguna forma, a veces sin que sepamos porqué. Las cosas se escapan de nuestras manos, y cierran por si solas. Y así es la vida. Quedaría en el aire la reflexión filosófica de si tenemos alguna capacidad de influir en el transcurso de la vida, pero me parece que se escaparía del caso. Lo que queda es que las cosas ocurren por algo, y lo mejor que se puede hacer es tener el doble pensamiento de que algún día se sabrá el porqué y que también puede ser que nunca se sepa la razón de lo que nos preocupa.

En fin, ya deliro un poco. Reconocerse vulnerable y desconocedor es un acto de valentía que no es muy común en la historia humana, pero es una característica tan propia como la capacidad de respirar.

lunes, 2 de junio de 2014

Le tomo la esencia a un nombre

Las palabras encierran, limitan e inmortalizan.
Uno de los inventos más fascinantes del ser humano es el lenguaje. Este conjunto de símbolos ordenados, encierra y contiene todo lo que significa cualquier objeto, sentimiento, persona, abstracción, idea o ente. En su funcionamiento, tiene la capacidad de guardar y de transmitir sentidos y significaciones, cosas tan abstractas para el ser humano, pero aun así son capaces de ser transportadas por simples palabras o frases. Las palabras tienen la capacidad de limitar los significados, y de inmortalizarlos.
Me gustaría remarcar que, con el lenguaje, se encierra el sentido. Se limita. Una palabra guarda los significados, y estos se muestran sólo a quien quiera interpretarlo, y esta interpretación estará influenciada por muchos factores. Esto hace que una palabra, o un símbolo, no tengan significados unívocos. Las únicas que corresponden con esta descripción son las usadas por científicos, para clasificar ciertos organismos, pero hasta esas palabras pueden ser reinterpretadas y jugadas para adquirir nuevos matices. Nada escapa al componente que va a decodificar el mensaje: la persona.
La persona, la sociedad, los grupos, los pensamientos supra e infra humanos, son los que descifran las palabras. De acuerdo a las situaciones, pueden darse significados más o menos definidos. Si existen objetivos claros de comunicación y entendimiento, las palabras tienen cierto sentido de acuerdo a la situación, que esta reglada socialmente. Si miramos este tipo de comunicación, con  este tipo de objetivos bien definidos, se podría observar, desde un punto de vista superficial, que las cosas que se dicen tienen una sola interpretación y expresan fielmente lo que se desea. Dicho en otras palabras, se podría decir que, en este tipo de situaciones, la comunicación puede ser totalmente efectiva. Para ponerlo en un ejemplo: Si yo deseo algo, sé como pedirlo y que decir para pedirlo, y es posible que el otro entienda lo que deseo, sin otra interpretación. Estas situaciones suelen darse en un contexto reglado principalmente por lo racional, donde lo que se busca es minimizar los significados inconscientes que transmitimos y aclarar una idea de la mejor forma, para lograr un objetivo claro. Características como un objetivo claro, un ambiente de racionalidad, códigos comunes entre los interactuarte, una cantidad de información irrelevante para el objetivo (ruido) minimizada y la motivación para realizar la interacción suelen ser las necesarias para que se de este uso “efectivo” de la comunicación por medio de las palabras.
Por fuera de este análisis sencillo y superficial de este estilo de comunicación, se encuentra el resto de las capacidades de las palabras, y de lo que las rodea. Observando de forma más compleja las situaciones comunes en donde se realizan cualquier tipo de comunicación, se encuentran los demás complementos de la misma, como los gestos, las acciones, el ambiente. Estos complementan el significado. El problema es que la decodificación de estos mensajes lleva a muchos más errores porque la información disponible aumenta. Considerar todos los factores que rodean a una palabra como la expresión de quien la dijo, el pensamiento político de quien lo expreso, una pequeña mueca o postura (propia o del otro), el tiempo del día, la información que desconozco de quien dice lo que dice, es un proceso complicado, y lo que solemos hacer es simplemente tomar la información que necesitamos o consideramos relevante para poder armar nuestras propias interpretaciones. Esto se relaciona fácilmente con el concepto de “punto de vista”: Cambiar de perspectiva, tomando información diferente y dejando otra de lado, sirve para reinterpretar lo que percibimos. De esta forma, seriamos capaces de encontrar infinidad de significados a un simple mensaje, pero no lo hacemos.
Por eso mismo las palabras encierran. Porque sin ellas, viviríamos en un mundo lleno de información que puede ser considerada irrelevante según nuestro propio punto de vista. Lo hacemos de todas formas, pero con el lenguaje podemos idealizar un mundo en el que esto no ocurre, y en el que el significado de la palabra “casa” implica a la vez algo tan general como todo lo que cumple con la característica de ser casa, y en el uso se aplica a cada uno de los objetos que tienen estas características. En este “encierro” aparece una expresión básica de la forma de conocer de la especie humana (y también de otras especies, y hasta de la vida en general) que es tomar lo importante de acuerdo a la necesidad o a la estructura preexistente.
Una vez entendida esta característica del lenguaje como lugar abstracto donde se encierran algunos de los infinitos significados que podemos interpretar, nace otra característica del mismo: la capacidad de inmortalizar estos significados. Esto comprende parte del mismo proceso: para poder representar algo y reducirlo en una palabra/símbolo, debo tener la capacidad de que algún tipo de núcleo de significados se mantenga a través del tiempo. Se puede, en una palabra, símbolo, texto o discurso encerrar y mantener lo que se desea. Aunque ya ha sido mencionado que la transmisión de significados entre dos sujetos es un proceso complejo y que no puede ser posible hacer una transmisión perfecta y exacta de lo que quiere decir una persona a otra (por lo que siempre una palabra o símbolo que guarde cualquier significado va a ser interpretado con infinidad de matices distintos) se puede pensar en un núcleo que trasciende el tiempo. Lo podemos ver no solo en las palabras de uso común, sino también en las obras de arte. Las pinturas, la música, la poesía, el teatro y demás, son formas de inmortalizar, por medio de diferentes medios solos o combinados. La percepción de las mismas siempre dependen de quien realiza el proceso de recibir las informaciones y de muchas cosas más, pero el autor de las diferentes piezas, sean artísticas o no, imprime una forma única e inigualable de expresión *. Con esta posibilidad de limitar lo que se quiere representar, se consigue darle permanencia a lo que se expresa, a gusto de quien decide emplear el lenguaje o el método de exteriorización que desee.
Entonces, volviendo un poco, el lenguaje, ese vehículo de información que guarda significados, también puede y debe permanecer invariable por algún tiempo. Y llegando a este enunciado, podemos darle todos los usos que deseamos. En una nota posterior, mencionare las limitaciones que se encuentran en el uso exclusivo del lenguaje para la comunicación de otros aspectos menos racionales, pero en este caso quiero quedar con la impresión del valor que puede tener en lenguaje en ciertos aspectos. La capacidad que tiene el lenguaje de guardar significados, aunque sea mediante la limitación, tiene, en mi opinión, una importancia suprema. Esto ayuda a resolver uno de los dilemas humanos: el de la efimeridad de la vida **. Mediante el lenguaje, podemos inmortalizar lo que percibimos y a nosotros mismos a la vez. Algunos lo hacen más que otros, de acuerdo a la importancia que sus enseñanzas o acciones tuvieron en la humanidad. Pero siempre es posible que cualquier persona tome una expresión de otra y de esa forma, por la longitud de tiempo que estuvo la mujer u hombre, seamos recordados en la inexactitud de la percepción que tenga el otro. Pero eso no quita que seamos recordados. Y tampoco quita que en ese momento en el que el otro, nos conozca o no nos conozca, perciba lo que hicimos, le produzcamos un cambio, favorable o no. Esa es la inmortalidad del ser humano: la capacidad de expresarnos con un lenguaje, y de esta forma producir cambios en el ambiente, sean minúsculos o no.
Resumiendo, esto permite el lenguaje: expresarnos de forma tan imperfecta, limitada y duradera con los demás, y por eso es una herramienta tan fascinante para la comunicación. Por supuesto que este análisis es increíblemente limitado, pero permite un pequeño vistazo a lo que vivimos todos los días.
Como comentario final, dejo una canción que trata de la inmortalización que permite el lenguaje. El estribillo de la misma dice: “I have written you down, Now you will live forever. And all the world will read you, And you will live forever. In eyes not yet created, on tongues that are not born, I have written you down, Now you will live forever” (Te he escrito en palabras, ahora vivirás para siempre. Y todo el mundo te leerá, y vivirás para siempre. En ojos todavía no creados, en lenguas todavía no nacidas, te he escrito en palabras, ahora vivirás para siempre)



Nota al pie de página *: Si podemos decir que el lenguaje y la percepción en el proceso de comunicación son únicos, solo es porque cada humano lo es. Únicos tan solo por poder percibir la información y procesarla de acuerdo a la combinación única de cada uno. Cada expresión de los humanos, sea en el trabajo, en una obra de arte o en la palabra, está marcada por las miles de características únicas de cada persona.

Nota al pie de página ** : Claro que somos efímeros y que la inmortalidad no existe, y que tan solo somos un fragmento minúsculo de espacio y de materia en la bastedad del universo, pero al posicionarnos en el aquí y el ahora del mundo factible a ser usado y en el que tenemos importancia (mencionado por algunos autores como “mundo de la vida”), la búsqueda de permanencia en este mundo es algo que atraviesa a, me arriesgaría a decir, la mayoría de las personas. La expresión de las personas se mantiene en dos ámbitos: el concreto/material y el abstracto/mental. El primero es el reino del trabajo, y el segundo el del lenguaje. No hay límites fijos entre los dos.



sábado, 29 de marzo de 2014

Veo señales confusas en todos lados

Las cosas cambian porque nuestra mente no comparte lo que la realidad nos muestra

Antes solía creer que la comunicación era todo, y que esto daba oportunidades ilimitadas para la expresión. Toda acción, toda palabra, toda acción no hecha, toda palabra no dicha, tenían algún significado, por lo que cualquier cosa podía ser enunciada. Antes poseía ese ideal de la comunicación, la cual iba a mejorar al mundo y era la salvación en cierto sentido, ya que iba a lograr desentramar todos los malentendidos, exponer todas las intenciones, trazar todas las historias, avanzar en el conocimiento de lo que quisiéramos, conocer la verdad, perseguir los ideales. En lo único en que fallé fue en considerar el componente humano de la misma, y con ello el ideal se derrumbó.
Hay un concepto interesante que se puede aplicar en como vemos las cosas: el de disponibilidad.  Las cosas pueden encontrarse disponibles o no. Si lo están, pueden ser usadas, consultadas, tomadas, bebidas, etc., o cualquier uso que se le quiera dar. Si no lo están, suele ser porque entra en conflicto con algo esa acción (tiene que ser usada después, por ejemplo), o porque no se encuentra en ese momento, o miles de razones más. Pero lo importante es que el estado de las cosas es uno o el otro. Se encuentra disponible o no, no hay tercera opción. Como con todo, es más fácil aplicar el concepto en cosas antes que trasladarlos a lo humano, aunque se sigan las mismas reglas. En términos básicos, el otro puede estar disponible para lo que uno quiere o no. Puede que nuestro amigo pueda ir con nosotros de viaje o no. Puede que alguien esté disponible a guardar una confidencia o no. Miles de situaciones más se pueden mencionar, pero solo alcanzan dos opciones, sí o no.
¿Qué hace que precisemos algún tipo de disponibilidad? La necesidad. Simple y claro como eso. Necesitamos algo, lo buscamos. Si se encuentra disponible, hacemos lo que estemos dispuestos a hacer para conseguirlo. Si no lo está, continuamos con la necesidad. ¿Y cómo damos cuenta de esa necesidad? Comunicando. Queriendo trazar un grafismo, podríamos representarlo como Necesidad – (implica) Comunicación – Disponibilidad. La necesidad produce la comunicación (que también es una necesidad) y llega al objeto, que demuestra o no su disponibilidad, devolviendo una respuesta. Así, visto tan simple, está simplificado y deshumanizado, pero sirve para comprender las bases de ciertas conductas.
Ahora, el problema ocurre cuando la respuesta del objeto o sujeto puede ser interpretada de varias formas. Como había dicho, algo se encuentra disponible o no, por eso, si precisamos de alguien y esa persona no da una respuesta clara en la que existe una discordancia (te dicen algo pero hacen otra cosa), se produce un conflicto. La llamada disonancia cognitiva (cuando lo que uno percibe de la realidad no es lo que uno conoce de la misma) no es aceptada por el hombre. Si uno sabe que un amigo siempre esta alegre, y uno lo percibe triste, no coordinan las imágenes en la mente y en la realidad, por lo que podemos cambiar lo que pensamos (lo vimos triste por algo que le paso, pero es algo momentáneo) o lo que percibimos (no está realmente triste, esta simulando). Ahora, simplificando, si precisamos algo, y sabemos que alguien nos lo puede dar (porque nos prometió su disponibilidad, nos permitió confiar en esa persona) pero en la práctica, en la realidad, no lo hace, se produce esa disonancia. Me dice esto, hace aquello. Y esto produce un conflicto en la persona, y por ende en la relación. Es entendible que esto ocurra. Cientos de veces decimos, prometemos cosas que al final no podemos cumplir. Ahora, uno pensaría que es de mínimo respeto para la otra persona por lo menos comunicar esto. Decir que no podemos ir a una juntada, o que necesitamos un tiempo sin el otro; lo que sea. Bueno, aquí es donde se producen muchas faltas de comunicación en mi opinión. La falta de sinceridad en estos temas causa daño. Son cosas que son inevitables, porque a veces uno, siendo el sujeto del que precisan disponibilidad, no tiene interés en decir que no. Pero debería hacerse. Es un mínimo respeto por el otro, para no causarle disonancias.
Estas fallas son las que me hacen bajar del pedestal el ideal de la comunicación, porque son muy comunes. Son totalmente comprensibles y humanas. Hacer lo que presento para resolver el problema sería una solución, y permitiría hasta una sociedad más honesta y unida. Solo que hay que tener en cuenta que no es así, y que pasa muy comúnmente que la gente dice algo y hace otra cosa. Sin esto, no existiría la hipocresía, enemigo público número uno de muchísimas personas (pero una de las cosas más interiorizadas en el comportamiento de las personas).

Es algo tan común que nos espanta, pero no podemos dejar de hacerlo

miércoles, 12 de marzo de 2014

Me pongo a reír con alguien que acabo de conocer

Conectarse con las personas
Los seres humanos somos en principio seres sociales. Somos hechos por el contacto humano, crecemos con el contacto de nuestra madre, nos criamos en una sociedad de la cual empezamos a contactar con la familia en principio, luego con los vecinos, la escuela, la facultad/trabajo, y así siempre hasta que nos llega el momento de dejar de percibir. Durante toda nuestra vida, los encuentros con cualquier persona son permanentes, casuales y necesarios.
Como ya mencione en otro de mis posts, los diferentes contactos definen las relaciones entre las personas. Cada encuentro es diferente porque los humanos somos seres de personalidad permanentemente variable, con algunos grandes rasgos que se mantienen en general. Si no estuviéramos en una sociedad (si no fuéramos humanos), hasta no tendríamos que aprender a comportarnos, y seriamos simplemente animales que siguen sus instintos más básicos, haciendo de los encuentros aun mas variables. De todas formas, tenemos comportamientos que reiteramos más que otros, haciéndonos de una base estable que define nuestras formas de accionar en general, y hasta nos define a nosotros mismos. Esto hace que algunos de los contactos que tenemos entre nosotros tengan elementos en común, pero no sean iguales, y de allí poder definir las relaciones.
Tener un contacto con alguien es tan simple como comunicarse con él otro. Ahora, conectarse con alguien más posee algunos aspectos clave. Precisa interés de los integrantes del contacto, capacidad de estar presentes en el mismo (no solo físicamente, si no mentalmente), y compartir algo con el otro, lo que sea. Conectarse precisa un nivel de madurez mental que no tenemos al nacer, y lo vamos consiguiendo al ser capaz de definirse uno mismo. Es difícil conectarse con alguien que muestra una careta o que vive con una personalidad “armada”, hay que ahondar mucho para lograrlo, y no siempre se puede. Las personas con la que es más fácil conectarse (según mi criterio) son las que mayor espíritu libre poseen. Los que siguen sus ideales, los que se disponen a ser conocidos, los que no tienen miedo de quien son, los que son capaces de vivir el momento, son los que pueden realizar las mejores conexiones. Un desafío es llegar a lograrlo, y posee las vivencias más reales que uno se puede dar a sí mismo.
Conectarse con el otro no depende de la relación que se tiene con esa persona. Creo que son numerosos los casos de personas que son amigas hace mucho tiempo y no logran conectarse a un nivel muy profundo, o de personas que se conocen en un día y realizan una conexión increíble. Esto me parece increíblemente curioso. Rompe con toda estructura y creencia infantil. Conectarse con el otro nos enseña justo la esencia humana, en sí contradictoria, de que uno no puede relacionarse de forma sincera con el otro sin antes definirse a uno mismo como un ser único y solo. Al final, resulta que esa amistad perfecta o esa media naranja no existen, porque no se pueden definir las relaciones empezando por lo que el otro va a hacer con uno. Nada de necesitar alguien que sea complemento, o que venga al rescate. Al final, la forma más real de relacionarse viene de la mano de separarse del otro, de aquel ser ideal que nos vaya a hacer perfectos, que está a la vuelta de la esquina esperando, y tomarse uno como referencia y tomar lo que el otro ofrezca. Nada más real que eso.  Aunque este bastante simplificado, más que eso no hace falta decir. Eso es conexión.

Bueno, simplemente eso. Conectarse es mas valioso que simplemente contactarse, pero implica mucho, y no garantiza que esa la conexión vaya a durar. Al final, lo que más vale la pena viene en envase pequeño

viernes, 21 de febrero de 2014

¿Que camino sigo?

Valores.
Cada acción tiene valor solo por ser ocasionada por un esfuerzo, un trabajo. No hay acción sin trabajo, aunque sea el mas minimo. Levantarse lleva esfuerzo, comer lo lleva, elegir, pensar, reaccionar, vivir lo precisa. Inclusive a veces la inacción conlleva un trabajo. Decirle que no a un impulso destructivo conlleva un esfuerzo. Ser cortés es un esfuerzo, no contestar mal tambien, escuchar al otro, esperar, decir no también es un trabajo. Ahora, el humano desarrolló la moral, y con ella le dio un valor especial a ciertos esfuerzos. Los valores morales son formas de valorar ciertas acciones de forma mas positiva que otras acciones, de dar mas valor a ciertos esfuerzos que a otros. Me gustaría poder hacer un recorrido por diferentes valores de diferentes culturas para poder asomar alguna conclusión sobre los valores morales y como estos afectan al comportamiento, pero me temo que no conozco lo suficiente para hacerlo. Tan solo me voy a limitar a plantear una duda, espero que quede clara.
Los valores morales, los cuales marcan cierto comportamiento en el conjunto de la sociedad (sin contar los casos patológicos, como los psicópatas, sociópatas, y ejemplos por el estilo), permiten un estilo de vida social determinado. Por ejemplo, el valor más supremo de todos (el de no matar a otro ser humano), se tuvo que construir a través del tiempo. (Es mas, todavia se tiene que seguir construyendo. Mientras que existan guerras, este valor no se respeta completamente). Diferentes valores fueron construidos de diferentes formas a través del tiempo y las sociedades. Formas de formar valores a nivel social son a través de instituciones sociales. La institución base formadora de valores (de formas de actuar, de comportarse) por excelencia es la familia. Por algo terminamos siendo parecidos a nuestros hermanos/padres. Otras instituciones con compromiso activo en la formación de valores son las religiones (cada religión posee un código de valores, algunas mas ortodoxas y otras menos), las escuelas/universidades, el Estado, compañías privadas (que mejor que recordar la tendencia consumista generada por las empresas para favor propio) y cualquier ser que desee modificar la conducta de otros seres y posea el medio para hacerlo. Los valores que poseemos son un producto de nuestras experiencias con estas instituciones y con nosotros mismos, y tenemos valores que cambian y otros que se mantienen. Los mayormente reforzados se mantienen (como el ejemplo de no matar a otro ser humano), y algunos varian permanentemente (por ejemplo, a veces considero que esta bien dar limosna a quien la pide, y a veces no), de acuerdo a diferentes razones (se valora muchísimo a la vida humana, pero no produce gran variación dar o no dar unos pesos a alguien). Es algo común en la vida del humano.
Interesante es tomar en cuenta que valores varían, y cuales no. Los valores son miles, y muchas veces entran en conflicto. Discusiones sobre que acción es la mas correcta, sobre cual es la que vale más, (no solo a nivel económico, si no a nivel social, y aun más, a nivel socio-moral) son práctica corriente para la vida del ser humano. Discusiones éticas que competen actualmente como la eutanasia, la manipulación genética, la protección ambiental y muchos mas son en gran parte discusiones sobre valores. La pregunta es: “¿Qué objetivo tienen estos valores?” En mi opinión, esta es una pregunta que cualquiera se tiene que hacer en algún momento. Otra pregunta por el estilo es: “¿Qué objetivo pueden tener?”. Antes de irnos a otras preguntas por el estilo como “¿Qué sentido tiene la vida?” o “¿Para que estamos?”, a la que se ha intentando dar respuesta sin llegar nunca a nada definitivo (algo totalmente comprensible), vamos a recordar que las diferentes instituciones son las que profesan valores. No nacemos con ellos, si no que los recibimos desde que adquirimos conciencia. También hay que recordar que las instituciones poseen intereses, y ya que estamos recordando, también rememoremos que algunos intereses requieren que otras persones tomen decisiones. Conectando puntos, podemos concluir que los valores que se profesan responden a intereses que las diferentes instituciones tengan con respecto al comportamiento de los demás. Esto se aplica tanto a nivel micro (una madre que le dice a su hijo que debe ser mas limpio por el interés que tiene ella de generar un conjunto de acciones consideradas positivas a nivel social), como macro (una compañía que desea vender más de un producto, y impulsa campañas publicitarias para fomentar el consumo). Ahora, ¿Cuál es la institución mas importante para uno mismo? O planteado de otra forma: Habiendo tantas instituciones que profesan diferentes valores y tienen diferentes objetivos, ¿A cual es la que tenemos que escuchar? ¿Si todas pueden ser buenas, o tener razón, a cual seguir?
La respuesta que propongo es simple: Uno mismo. Conocer REALMENTE lo que le hace bien a uno mismo es la forma de saber que hacer y que acciones valorar, cuando tomarles valor y cuando no, y demás. Por suerte, somos libres para elegir, y tenemos que aprovechar para intentar. El único error es mantenerse quieto, y obedecer directamente lo que nos dicen, sin antes siquiera poder mirarlo desde nuestro propio punto de vista. Como un punto de vista personal, esto hace que admire a quienes poseen valores que nunca traicionarían, ya que son fieles a si mismos. Valoro realmente eso, y me parece que es algo respetable, aunque igual de respetable que poder cambiar los valores para poder tener una mejor vida. Es complicado, en fin.


viernes, 7 de febrero de 2014

Me quedo sentado tan sólo mirando

Es tan fácil dejarse llevar por los demás.
Es tan fácil dejarse seducir por la vida.
Es tan fácil quedarse sentado.
Es tan fácil vivir en lo mental.
Es tan fácil quedarse rezagado.
Es tan fácil bajar la mirada.
Es tan fácil quedarse esperando que algo ocurra.
Es tan fácil caer en el pensamiento de que “alguien lo va a hacer por mi”
Es tan fácil ver la vida desde lo ajeno, desde lo que no nos pasa a nosotros.
Es tan fácil no ocuparse de las cosas.
Es tan fácil dejar pasar algunas oportunidades.
Es tan fácil perder por cansansio.
Es tan fácil posponer algunas actividades.
Es tan fácil dormir un poco mas.
Es tan fácil decir lo que los otros quieren escuchar antes de lo que queremos decir.
Es tan fácil dormir en el recuerdo.
Es tan fácil esperar a que los demás organicen.
Es tan fácil hacer de cuenta como que nada pasó.
Es tan fácil ser condescendiente.
Es tan fácil entretenerse.
Es tan fácil dejarse llevar.
Es tan fácil caer en la costumbre.
Es tan fácil no cambiar nada por pensar que es lo normal.
Es tan fácil tener prejuicios.
Es tan fácil quedarse quieto.
Es tan fácil decir que no a los desafíos de la vida.
Es tan fácil guardarse las cosas.
Es tan fácil simular, no decir la verdad, reir para no llorar, no perdonar por cuestiones de orgullo, no aceptar que las cosas cambian, no tomar partido, dejar de sacrificarse, esperar a que otro tire la primera piedra, esperar a que otro te explique antes de querer entenderlo por uno mismo.




Difícil es saber que hacer.

lunes, 3 de febrero de 2014

Observo gente caminando por la ciudad

Mirar diferente permite pensar diferente, y pensar diferente permite mirar diferente.

Me extrañan las personas que encuentran criticable que alguien piense/actué diferente a lo largo de su vida. Ejemplo típico de esto son quienes critican a los que cambian de militancia de un partido político a otro, o quienes critican a los que pasan de ser católicos a agnósticos o viceversa. La crítica va a que el otro no concreta sus ideales de la misma forma durante toda su vida, y que termina usando otros métodos para lograrlo, o incluso llega a cambiar sus ideales. La pregunta que sale es: ¿Por qué, si él antes criticaba esto, termino siendo esto? O ¿Por qué, si él quería esto, término teniendo aquello? Y algunos saltan con que el otro era hipócrita, o era corrupto, o era mentiroso, o que blablabla… y parece que no entendieran que siempre hay cambios. En ciertos casos, si existen quienes viven su vida diciendo ser una cosa para conseguir otra. No creo que exista gente así, pero que la hay la hay. Y puede ser que esa persona si era todo lo que decían. De todas formas, ¿Qué tan criticable es eso? Sé que es admirable quien dedica toda su vida a un mismo ideal y hace todo para lograrlo pero, ¿Qué tan real es eso? Si tanto nos encontramos de acuerdo con que debemos abrir nuestras mentes a cosas diferentes, ¿Por qué parecería tan raro que los demás opten por cosas diferentes? Es contradictorio, pero es así.
Puedo entender que hay quienes critican lo anterior porque dicen que la otra persona cambio su forma de ser/actuar por motivos de dinero, de poder o de fama, y allí me encuentro de acuerdo con que así no se debería actuar. No encuentro  admirable a quien vive su vida con el puro objetivo de consumir o de manipular a los demás, pero todavía no conocí a nadie que viva su vida exclusivamente a ello. Ahora, aquellos que no actuaron por dinero ni por intereses consumistas/ de poder y quienes cambiaron sus creencias/formas de actuar por querer seguir haciendo las cosas bien o para hacerlas aun mejor, como quien pasa de ser agnóstico a ser evangelista porque encontró en esta religión una forma de ayudar aun mas a los demás y a sí mismo, ¿Por qué también son criticables? A la vez que encuentro admirable a quienes pueden mantenerse fijos a un ideal por toda su vida, me parece genial quienes pueden cambiar para poder estar mejores consigo mismas o para mejorar a los demás. Por eso, la crítica que se hace a lo que hacen los demás es a veces superflua y no importante. Entonces, en vez de decir: “Ah mira, tal persona antes creía en esto y ahora cree en aquello, que mal”, porque no preguntamos: “¿Por qué, si a vos defendías este estandarte, pasaste a este?”. La diferencia entre ambas actitudes es tan básica que se nos olvida: En la primera, vemos al otro desde nuestros ojos, y en la segunda incluimos el punto de vista del otro (viéndolo con sus ojos) en nuestra forma de percibirlo. Y la respuesta a esa pregunta es la que importa y la que nos sirve para entender al otro. Sin eso nos quedamos solo con lo que podemos deducir, y allí nacen los prejuicios. Es tan fácil encuadrar a los demás en un marco exterior y meter a todos en la misma bolsa que perdemos todo lo bueno que puede significar ese cambio. Que porque se metió a tal partido político o porque está haciendo tales actividades ya pasa a ser una persona no grata. ¿Qué pasa si ese cambio origina algo bueno? (No digo que eso no se pregunte, solo hago notar que eso no se pregunta lo suficiente). Entonces, cambia mucho si es que en vez de mirarlo desde afuera lo miramos desde adentro. Y al hacerlo, dejamos de pensar cosas como “La sociedad está perdida”, “Los políticos/curas/médicos/periodistas/etc. solo piensan en dinero/fama/ellos mismos/etc.” "Queda poca gente buena" y demás ejemplos de comentarios de opinión pública y nos damos cuenta que en el fondo todos nos parecemos y que el mundo no esta tan mal como lo pintan.
Solo hay que estar dispuesto a verlo.


miércoles, 29 de enero de 2014

Saludo a un extraño con alegría

Encontre un video bastante bueno de TED: Ideas worth spreading, que tiene mucho que ver con formas de vivir y como ser vulnerable permite ser las personas que realmente somos. Basicamente este video resume muy bien la idea de "Sali a ver que pasa": procurando ser vulnerables podemos saber que ocurre en serio con la vida. Esta en ingles pero con subtitulos en español. Disfruten!

http://www.ted.com/talks/brene_brown_on_vulnerability.html

Miro para atrás para aprender a seguir adelante

Bueno, ya he pasado por muchas reflexiones, coincidentes con la espera a una charla importante con una amiga, y la misma se dio hace unos dias. Hacen pensar las crisis, ¿no? Bueno, ahora prefiero mostrar una cancion que se aplica mas a las ex-parejas, pero de cierta forma me hace acordar a todo tipo de relación, y a no olvidarse de que lo que ocurrio con el otro fue real, y que todo valió en el momento. Esta cancion es de The Killers, una banda tremenda proveniente de Las Vegas, banda que adoro en el alma y de la que conozco todas las canciones. Bueno, aqui está:
El titulo "The Way It Was" se traduce a "La forma que era", y bueno, son de esas canciones que uno escucha cuando esta muy mal con una pareja actual o cuando directamente la relacion antes soñada se termina por alguna razon. De todas formas, la canción es hermosa. Disfruten!

Finalmente cruzo la puerta

Hay tantos puntos de vista como personas existen. Salir a conocerlos es un gran desafio y la mejor forma de poseer una mejor vision propia.

Hasta que no llega el momento en el cual hacemos lo que planeamos no hay forma de saber como va a salir. Por razones como esa es que existieron tantos esfuerzos por hacer de alguna metodologia cientifica que permitiera predecir lo que ocurriria en el futuro. El problema se da cuando no se puede realizar la experiencia de la cual se tendrán los resultados, o la misma es irrepetible. En el caso de las relaciones humanas, esto es mas que evidente.
Las relaciones humanas son algo muy complejo si se hila fino. Aunque pueda verse en lo externo cierta forma de actuar ya armada, ésta es asi despues de un proceso de encuentros entre las personas. Y los encuentros se renuevan siempre. Los amantes que se encuentran con un beso cada vez que se ven pueden parecer siempre que se saludan igual, pero pequeñas muecas o gestos demuestran que no siempre es igual. A veces es con mayor entusiasmo, otras con desgano, tristeza, emocion, etc. Estas pequeñas muestras son oportunidades que se dan para decidir conocer mas o no, y pueden explicar la complejidad de relacion en el momento.
Cada oportunidad es única, y no hay forma de preveer como se actuara. Tan solo se puede preparar para la ocasion. Mientras mas veces se repiten ocasiones similares, mejor se puede ser para actuar en consecuencia, y de acuerdo a lo que deseemos. Por eso, la misma pareja mencionada anteriormente, si es que tuvo muchos encuentros felices, puedan recibirse con alegria con mucha mayor comodidad que si se encuentra alguno de ellos deprimido o enojado. En cambio, si es común en una de las partes encontrarse con los animos bajos o con algun animo especial, la forma de actuar ya queda un poco mas clara para el otro. De todas formas, mientras que exista el animo del encuentro, es importante que exista el mismo.
Es mucho mejor hacer que no hacer. A modo de opinion personal, no estoy de acuerdo con quien prefiere alejarse de las situaciones que les causen algun tipo de incomodidad porque ya he comprobado que no se aprende de esa forma. Muchas veces lo he practicado a alejarme, y ahora que prefiero actuar vivo mucho mas las experiencias por la simple razon de que decir que si es provocar las experiencias.
Decir que si a las oportunidades es lo mejor. Y decirle que si al otro aun mas. Decir que no a la oportunidad de encontrarse con el otro, mas aun siendo un ser querido, es algo que solo se puede comprender mientras que sea para protejer la salud propia, pero para nada el orgullo propio. El orgullo es el primo snob del autoaprecio y la autoestima, y no sirve a la larga. 

viernes, 24 de enero de 2014

Miro fijamente un arbusto

Un asunto estuvo por mucho tiempo en la mente de las personas. El asunto era los demás.

Se pueden recopilar muchas evidencias de que los humanos sí cambian de las relaciones entre los mismos. Las relaciones cambian siempre. Se definen en el momento del encuentro entre los participantes de la misma. Este encuentro varia siempre, porque es difícil encontrarse con la misma persona a la que dejamos un lapso de tiempo antes. Esa persona vivió mas de su vida. Su temperamento puede haber cambiado. Su humor con seguridad lo hizo. Su experiencia le enseño más a como comportarse. Esa persona sufrió y disfruto un poco más. Puede haber atravesado perdidas o haber conseguido ganancias en diversos aspectos de su vida. Puede haberse reencontrado con una parte de su ser con la cual hacia mucho no se conectaba. Estas y otras miles de cosas pueden haber ocurrido en ese lapso, que puede ser de minutos o de décadas. Por todo esto, los reencuentros entre dos personas o más son oportunidades para conocer de nuevo a quien creemos conocer. Por esa razón, uno puede considerar a alguien como mas que un conocido después de verlo un par de veces y tratarlo como amigo, o ese mismo conocido puede ser que comience a disgustar y pase a ser alguien con el que no se desea mantener contacto, y así podría continuar, con la diversidad de posibilidades que posee relacionarse. De amor a odio, de amistad a romance, de amorío a conocido, etc, siempre variando.
En la búsqueda de la estabilidad, actividad practicada por todos y tan común que no la tomamos en cuenta, encontramos a diversas personas con las cuales generamos relaciones especiales, a las que llamamos amigos. El compartir actividades con alguien, algún interés en particular, o simplemente que nos caiga bien nos hace llamarlo al otro así. Si alguno de estos amigos posee nuestra confianza en mayor grado, podemos disfrutar mayor tiempo con ellos y nos sentimos mas cómodos alrededor, hasta los llamamos mejores amigos. La carga de confianza que uno deposita en ellos es mucho mayor que en otras personas, aunque solo en algunos aspectos. En general, los mejores amigos son personas con las cuales podemos mostrarnos realmente como somos. Ellos son quienes ganaron ese derecho. Y como tales, lo hicieron después de un largo camino de construcción de confianza luego de diversa cantidad de encuentros. En cierta forma, se lo merecen, y eso por supuesto nos alegra. Tener amigos es una de las experiencias mas comunes y a la vez mas valiosas del ser humano.
En esta búsqueda de la estabilidad, es fácil olvidarse de lo cambiante que es el ser humano y con ello las relaciones. Un amigo esta ahí y siempre va a estar, creemos ingenuamente al principio. Uno se encuentra cómodo con la idea de esa amistad que viene existiendo hace tiempo, y mientras más tiempo sea más seguridad se posee de que va a seguir estando ahí. Pero luego, aparece el cambio. En una opinión personal, es imperceptible al principio. Aun más, siempre estuvo ahí. Es un pequeño detalle de la relación que uno no considera un problema y espera que no lo sea. Otras cosas mas importantes de esta relación de amistad tapan esto, y eso lleva a que continué la estabilidad, meta a alcanzar por cualquier ser humano. Pero de repente, ese detalle en la otra persona que no parece gran cosa desde la perspectiva ajena es lo que mas nos afecta. A veces, esto se da progresivamente, y se demuestra aun más sutilmente en pequeñas cosas. A veces, esta progresión es mucho mas brusca y se muestra en un gran evento. Inevitablemente, la relación tan estable como podíamos considerar entra en crisis. No es de esas crisis que anuncian en los medios, de las cuales solo conocemos detalles y pueden que no lleguen a afectarnos. Son crisis en una de las cosas mas importantes para todos: el otro. Y conocemos todos los detalles. Siempre los supimos. Desde el momento en el que notamos ese imperceptible detalle que iba a derivar todos los demás, y los dejamos pasar por un bien mayor, la amistad. Desde el principio. Y con esta crisis, la estabilidad se tambalea. En ese momento, se da una prueba mayor en la relación. Miles de historias salen de estas crisis. A veces (tristemente en mi opinión) una de las personas prefiere continuar sufriendo antes que perder la relación. Un caso extremo es el de las mujeres o hombres golpeados por sus cónyuges. Otras veces, se inicia una relación que pasa a ser disfuncional para ambos, ya que nunca tratan el verdadero problema que trajo la crisis y lo tapan con diversas acciones, como la ironía, la sumisión, la violencia, la negación, etc. Son increíbles las acciones que puede realizar el ser humano solo para mantener la estabilidad de algún aspecto de su vida y tapar lo inevitable del cambio humano
Las historias que contrastan y llaman la atención son las de quienes pueden solucionar las crisis de la forma que más apoyo: comunicando con sinceridad. Hay veces en las que los que se enfrentan a una crisis deciden hablar de eso. Quienes hacen eso ganan siempre. Y quienes lo hacen, tienen la suficiente fortaleza para respetarse tanto a uno mismo como al otro, porque saben que después de eso la relación va a ser diferente. Capaz mejor, peor, de amigo a conocido, o todo lo mencionado antes. Por esa razón, aplaudo y le estrecho la mano a quien ha sido capaz de hacerlo y decidió finalmente tomar la decisión mas adulta, a pesar de todas las consecuencias. Ese para mi es un ídolo. Le gano a su mente con la realidad
Y sé que no es fácil hacerlo. Implica dejar de ser un niño y esperar que los demás se encarguen de nuestros problemas a pasar a ser un adulto y encargarnos por nosotros mismos. La acción y el cambio favorable para nosotros inicia en uno mismo, muy pocas veces en el otro. El otro puede darnos inspiración o una razón para hacerlo, pero el que debe actuar es uno. Y la forma en la que se actúa es la que realmente define las relaciones. Si uno desea relaciones adultas, debe actuar como uno. Si uno desea relaciones inmaduras, puede actuar de esa forma. Esto definirá las relaciones. Y como mencione al principio, todos vamos creciendo y cambiando al pasar el tiempo. Nunca se es el que se era, ni tampoco se será el que se es. Y este cambio en nuestros deseos de relacionarnos, en nosotros mismos y en los otros hace parecer casi imposible llegar a esa estabilidad que buscamos. Sin embargo, seguimos buscando. Y aunque perdamos a una gran amistad o trasformemos a un compañero de trabajo en un amigo, siempre seguimos relacionándonos y buscando eso estable. Porque el ser humano es asi: Siempre busca lo imposible, y es tan terco que a veces lo logra.

miércoles, 22 de enero de 2014

La puerta me pide tiempo para dejarme salir

Excesos.
Los limites estan, solo que muchas veces es facil pasarse.

A mas de uno le habra pasado que da vueltas y vueltas sobre un tema que no puede salirsele de la mente. El exceso de eso lo conozco bastante bien: sufrimiento. A veces pensando no se logra nada. Por eso, a veces son admirables quienes pueden seguir sus instintos o quienes tienen la capacidad de actuar justo en el momento. Simplemente actuan, no dan vueltas.
Conseguir esa habilidad es un gran desafio. Se puede, pero es dificil. Es facil caer en el circulo vicioso de pensar y repensar. Es adictivo, pero como todo, en exceso es malo. Asique se vuelve a lo mismo, y se consiguen los mismos resultados, hasta que no se que Dios o que superheroe nos permita que se dé una ocasion para hacer algo efectivamente por la cuestion en tribulacion.
Yo he podido ir directo a la accion. Bueno, todos lo hacemos, es una habilidad comun del ser humano. La diferencia es que lo hice despues de un proceso que me permitió aprender a aprender como hacerlo. De esta forma, pude conseguir un poco mas de seguridad y de conciencia al momento de hacerlo, y mejores resultados. Y tambien aprendi que una vez que esta definida la accion a seguir, la mente pasa a otro tema.
"Adios. Hasta la proxima, idea que daba vueltas la mente. Nos vemos cuando te realice."

martes, 21 de enero de 2014

Me pongo a pensar mirando el cielo

Tener un poco de tiempo libre antes de salir a algún lado es otra forma de conseguir ese limite desafiante. ¿Que se puede escribir en media hora o menos? Vamos con otra reflexión, pero un poco mas corta.
www.9gag.com es una pagina de Internet que recomiendo muchísimo, si tenes una buena base de ingles. Posee posts hechos por los usuarios que pueden ser muy cómicos, tiernos o con buenas historias. Siempre paso por esa pagina cuando tengo un poco de tiempo libre. Este es uno de los posts que vi últimamente que me gustan.
La traducción es "Pensaba que cuando yo creciera y fuera adulto, los demás realmente actuarían como adultos", y la imagen de fondo muestra claramente que no es lo que pensaba el autor. Que razón que tiene! Aunque es claro que la edad mental de las personas no siempre coincide con la cantidad de tiempo que vivieron, a veces dan vergüenza ciertas actitudes. ¿Tan difícil es crecer? ¿O acaso a veces estamos muy cómodos para querer cambiar? En fin, eso lo vivimos todos y como dije en el post anterior, hacemos lo que podemos con nuestra vida (y nuestras formas de comunicarnos) lo mejor que podemos.
Lo importante es intentar ser lo mas adultos cada uno. La otra persona, bueno, tiene sus limitaciones. y si no, se corta la relación. Simple. Se tiende una distancia y se ve si el otro la desea cruzar. A ver si salta el pozo. Y si no, adiós, y ahí se crece. Y como dice Cerati: "Crecer es poder decir adiós"
Y los demas, que se vayan a llorar al campo. Si tienen edad de ser grandes, lo van a superar. Si no, (por experiencia propia lo comento) no se junten con nenes grandes. Es difícil crecer con gente así